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jueves, 16 de julio de 2009

lunes, 8 de junio de 2009

jueves, 28 de mayo de 2009

Lima, 12 de febrero del 2011 Llego de Madrid, después de una estadía larga de casi 8 años, todo parece haber cambiado mucho desde que me fui. Me fue a recoger mi pata Omar al aeropuerto, estuvimos juntos en el cole hasta que terminando quinto de secundaria me mudé con mi familia a Madrid. Nos fuimos por la Costa verde, que ahora está full de gente por todos lados, no parece Lima, es como si estuviese en otro lugar. Cuando éramos más chicos, siempre nos quejábamos de que no teníamos nada que hacer y sólo nos la pasábamos pegados a la tele, o jugando pichanga los domingos cuando no pasaban tantos carros en la calle. Para llegar a su casa, Omar se pasó la subida; es que estábamos acostumbrados a subir al barrio por Productores, ahora hay que llegar por la Pera-caballero nomas, hay que dar la vuelta-. Es alucinante la vista desde su depa, lo que antes era la espalda del cuartel militar, ahora es un gran parque lleno de actividades por doquier que no acaban hasta el infinito del mar. Antes de chicos para carnavales, no teníamos a quien aventarles globos por la ventana, porque por nuestra calle no pasaba ni un alma, ahora está preciso para hacer travesuras, aunque resultaría un poco aburrido, pues el parque es prácticamente agua por todos lados, chorros que salen desde el suelo con muchos niños jugando, piscinas que se funde con el horizonte, canales que marcan rutas que aún no se adonde me llevan, gente que se refresca los rostros, nadando y eso que aún no he bajado a ver la práctica de waterpolo del chato. Me han contado que el complejo de piscinas techadas es alucinante, que realmente nunca notas donde comienzan y donde terminan, es cómo si el complejo contuviera el parque dentro de él. Bueno, lo que si no ha cambiado del panorama, es que uno puede seguir recreándose con las chicas que pasan corriendo puntuales todos los días a las 9 am. Justo ahora que viene San Valentín en dos días, como en tribuna puedo elegir a quien interceptar mañana. Aunque, antes sólo había una oportunidad de paseo, ahí de hecho podía fingir que me las topaba por casualidad, ahora no creo que tomen una sólo ruta de jogging, es más, ya perdí de vista a la pelirroja alta que pasaba. Ya llega Omar con una chelas y ni hemos tomado desayuno, será motivo para bajar al parque e ir al mercadito, a visitar a la casera que prepara unos tamalitos para morirse. Lo sabía, han pasado ocho años y la casera tiene la misma sazón. Ahí en el puesto estaba seguro que me iba a encontrar con el gordo- fijo- porque no se pierde ningún desayuno de domingo en el Mercado. El gordo, ya no era gordo, me cuenta que hace un año toma clases de natación en las piscinas del parque, que lo tienen figurita, la nutricionista del complejo lo llama todos los domingos para advertirle que se debe alejar de la tentación del desayuno en el mercado, pero claro, es inevitable, esas costumbres no se pueden perder. El gordo vive en el edifico de al lado del de Omar, sale todas las noches después de la chamba a correr un rato y de ahí, después del calentamiento, se da una ducha al lado de la piscina y después, de frente al agua. Lo mostro es que las duchas están por todos lados, no tienes que estar esperando a que los de la clase se duchen, es más ahí veo que las duchas las utilizan para cosas alucinantes, hay unos chibolos jugando, otros hasta inflan sus globos, y por ahí también unos papis enjuagan a su bebita antes de irse a tomar micro, para que no esté de agua con cloro hasta llegar a casa. Antes el gordo no corría con nosotros porque se aburría de dar vueltas en circulo a un mismo lugar- bueno y quien no- pero ahora esta feliz, puede tomar atajos, pasar de un lado a otro, diferentes suelos, hasta por charcos de agua si quiere refrescarse, y por supuesto, no le faltan las flaquitas que lo acompañan en su paseo (por lo menos eso es lo que él dice). Después del desayuno lo acompañamos a cuadrar sus horarios con el entrenador. Al entrar al complejo, quedaba la duda de si realmente habíamos salido del parque, el hall encuadraba el mar y la parte de debajo de la costa verde, las piscinas parecen estar sobre el mar, me muero por bajar, pero aluciné que debía ser un latón y no me animé a decirles lo que quería hacer hasta que el mismo Omar se ofreció a mostrarme todo el rollo de abajo. Pensé que íbamos a tener que salir y latear rodeando el parque o algo así, pero no, desde el mismo hall, sin perder de vista nuestro objetivo, ya estábamos bajando hacia el mar, que cada vez estaba más cerca. Obviamente no aguanté más y busqué la piscina más profunda y más cerca al mar, cuando iba a darme el chapuzón, recordé dos cosas: una que no tenía ropa de baño, y dos que tenia mi celular y mi billetera en el bolsillo. No había roche en realidad, reconocí unos módulos que se repetían a lo largo de todo el parque, la gente entraba vestida y salía medio sin nada, sospeché que ahí podía conseguir una ropa de baño y dejar mis cosas. Después de haberme preparado para el bañito, no quedaba más que relajarme y disfrutar, el estar dentro de esta piscina, me alejaba de todo, ya no habían combis, no habían bocinas, no había basura… no estaba en la Lima que dejé en el 2003. Necesitaba la zambullida para regresar a la realidad, porque extrañaba mi Lima caótica y así descubrí que el agua de esa piscina era salada. Me pasé toda la tarde con los ojos rojos en la parrillada del loco -otro pata del barrio que sí se casó y se mudó, pero sólo a una cuadra de donde nosotros estábamos-. Mientras se hacia la carne, sus hijos estaban aburridísimos. El loco los mandó a jugar al parque - no digo que está loco, dejar a los niños sueltos en la plaza!! -, me fui a verlos un rato, llame a Marisol la mayor, para preguntarle que les gustaba hacer ahí, me cuenta que ahí ha conocido a un montón de gente de todos lados, no sólo de barrio; que en las lomas se juntan a contar historias de terror cuando ya se esta haciendo de noche y que las chicas bailan con High school musical 8 apenas de desocupan los enchufes de las zonas secas. Lo que más le gusta, es que ahora es recontra amiguera, ella no sabía flotar el muertito y Raquel (su amiga de San Miguel) le enseño en sólo dos días, dice que es una campeona en eso y que ya no tiene que estar en las positas bajas, que ahora puede meterse a las posas hondas. Dice que cuando esta enferma y no la dejan bañarse en las piscinas, se va a la zona de piletas y se moja con los chorros de agua para después alegar que fue de casualidad; que ella no sabía que ese chorro estaba encendido (Es que ahora los chibolos se las saben todas). Al final y me dice que si quiere vaya para la casa nomas, que ella cuida a su hermanito y que si pasa algo, sus abuelos estaban paseando hacia la orilla del muelle, que a ellos les hace bien el aire fresco, a veces se quedan leyendo en las bancas de abajo hasta tarde y que de ahí subían a la parrillada con ellos. Después de la parrillada, música y unas chelas más, me di cuenta que el parque al caer la noche se llenó de gente más contemporánea, que juega con fuego. Siempre me gustó eso, de hecho se ganan su sencillo porque son unos capos. Con su fuego iluminan el mar y hacen que los colores distintos de las flores que se desparraman hasta el muelle se noten mucho más. Lima, 15 de Julio del 2011 Ya es el día de regresar a Madrid, después de una larga estadía en Lima. Por lo único que me quiero ir es porque aquí está helando y España está en pleno verano. A pesar de la neblina, y el frío hay muchos chicos, que han tomado lo que en verano son las pozas bajas, como lugar para el skate, además, también claro, para un friolento cómo yo, están las piscinas temperadas del complejo. Ayer fue la exposición de Noche en Blanco y emplazaron frente al complejo una escultura con luces de neón de todos los colores, color, luz y neblina, son la combinación perfecta para sentir que se ingresaba a una nebulosa galáctica. Todo eso en la parte de arriba, porque abajo, dónde llegaba más gente por el estacionamiento, estaban los reflectores sobre la piscina de agua salada, que habían cubierto con un tabladillo para presentar a Daft Punk en concierto, los juegos de luces se proyectaban sobre la superficie del complejo y el acantilado que parecían uno sólo. Yo bajé por el hall del complejo que se abre al público, presta su circulación al exterior, participa en el circuito, es como un tubo conductor. Fue una noche mágica, nunca la voy a olvidar, mi grupo favorito, mi ciudad favorita, mi gente favorita, todo junto ahí en la Costa Verde, mientras cruzaban el cielo los parapentistas (que locos). Me voy, con ganas de regresar, a ver si ahora si encuentro a la pelirroja.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Era uno de los primeros Sábados de Diciembre, y desde temprano Grupos de Familias iban ocupando progresivamente en Agua Dulce y playa Los Pescadores la pequeña porción de territorio que les correspondía. Santiago sube a un bote acompañado por sus dos hijos, y guiados por un grupo de pescadores a bordo de una barca irían en búsqueda de suerte algunas millas mar adentro, esperando volver entrada la tarde para poder enseñarle a sus dos hijos el significado de la preparación de un plato de ceviche habiéndose ganado ellos mismos su propia comida. La experiencia aquí es completa, pescas mar adentro e, inmediatamente pisas tierra, una serie de espacios artificiales son flexibles de ser ocupados espontáneamente para la propia preparación de los pescados, capturados mar adentro o bien tan solo comprados en el mercado. Cada uno de estos espacios abiertos parecía independizarse al mismo tiempo que el conjunto de ellos definía más bien una topografía colectiva y pictórica con un cierto sentido de asentamiento, una especie de plaza que daba lugar a la ocupación individualizada de cada una de las familias que albergaba. Había lugar incluso para las familias más apáticas que preferían aislarse ocupando pequeños cubículos semi-abiertos o semi-cerrados equipados además con pequeñas cocinas que les permitían preparar, por sí mismas, diferentes platos fritos, al tiempo que se hundían en la experiencia intima de estos recintos. Estos espacios, como sucede en la playa vecina de Agua Dulce, se dejaban colonizar al mismo tiempo que imponían su propio orden de ocupación. Existía un cierto sentido iniciatorio en toda esta experiencia, una especie de rito individual y colectivo que se iniciaba una vez el espacio te ofrecía la posibilidad de ocuparlo, tan solo provisionalmente, y que terminaba una vez te retirabas por la noche devolviéndole a sí mismo su sentido de entidad propia. Es que esta plaza era casi una entidad consciente, que, como la naturaleza misma, ofrecía el regalo virtuoso de su propia ocupación. Acogía pero no incondicionalmente, te aceptaba, pudiendo al mismo tiempo expulsarte. Y así parecía entenderlo Santiago, sus dos hijos, y cada una de la familias que iban llegando desde la mañana, y así parecía ser entendido además por los pescadores para quienes este organismo no era muy distinto de aquel otro llamado por ellos no con poco misticismo la mar y que día tras día les negaba o concedía grandes favores. Así mismo, esta entidad parecía congeniar amistosamente con aquellas otras figuras, enclavadas duramente a la manera de rocas artificiales en la orilla del mar, al parecer restaurantes, en los que la experiencia misma del comer aquello ofrendado por el mar adquiría una vez más cierta connotación de rito. Numerosos niños apostados alrededor de ellas, utilizaban la dura piel de sus superficies (aquellas que no se abrían al mar) como pequeñas montañas en miniatura, diminutos gigantes impredecibles que al mismo tiempo los obligan a retroceder y a darles conquista, a escalarlos, desafiarlos, ocultarse en ellos, todo esto bajo la impávida observación de unos padres aterrorizados e inquietos pero al mismo tiempo permisivos puesto que entendían la irresistible atracción que cada uno de estos cuerpos enigmáticos debía ejercer en la imaginación delirante de un niño. Al mismo tiempo y en ocasiones, algunos padres utilizaban estas superficies donde la preparación rápida de un ceviche sobre rocas artificiales adquiría cierta connotación ancestral. A veces el mar subía y estas rocas eran tocadas por el mar en su base, los restaurantes, al estar los metros necesarios suspendidos sobre la misma se permitían gozar del chapoteo espontaneo de las diminutas olas por debajo de ellos, y el paisaje entonces cambiaba, algunos visitantes debían retirarse usando algunos puentes escuetos que llevaban al inicio de la plaza evitando así mojarse, los niños jugaban ahora en este pequeño entorno inundado y algunos padres preparaban el ceviche mojándose los pies todavía ancestralmente. Y es que ancestral era la palabra exacta, puesto que a pesar de que no hace mucho, todos estos organismos habían cobrado una existencia real, física, cierta cualidad de monolito parecía dotarlos de una existencia ajena al tiempo, desmedida, en la que el visitante accedía a una especie de círculo mágico imaginario, donde el extrañamiento, el ocultamiento, y el desplazamiento de aquel orden tiránico llamado costumbre se convertía en la esencia ultima de la experiencia.   Pero devuelta a los restaurantes, si bien estos permitían en su superficie distintas situaciones de carácter epidérmico, estos contenían a su vez en su vientre la vida esencial de restaurantes que les correspondía, en donde, si bien por un lado era posible la preparación tradicional de un plato de ceviche, algunos otros cocineros se tomaban la licencia de introducir algunos platos inquietos y no tan bien conocidos, al mismo tiempo que introducían algunas especies marinas no demasiado populares o en proceso de popularización que compraban directamente a los pescadores, a su vez contentos de poder vender finalmente aquellas especies que en otras épocas no habían encontrado compradores por desconocimiento popular, como la anchoveta, o el pez lobo, y que fueron introducidas poco a poco a través de eventos de gastronomía marina celebrados allí mismo cada tanto y gracias además a aquel espíritu un tanto irreverente de aquellos mismos nuevos cocineros llegados inmediatamente ocurrida la transformación del viejo mercado, la aparición de la plaza, y los nuevos restaurantes. Cada cierto tiempo, el lugar adquiría un carácter de fiesta. Santiago recordaba tristemente aquellos años en los que veía crecer a sus dos hijos, pensando que finalmente se irían y él quedaría solo. A veces venia por su propia cuenta y paseaba por la plaza y por el muelle en Invierno, en donde, si bien toda aquella afluencia de gente ciertamente disminuía, la cualidad de cada uno de estos elementos les permitía a los visitantes recogerse en su propia subjetividad, casi como una especie de hibernación estacional a la vez necesaria para comprender el espíritu festivo de la estación de Verano. Santiago de alguna forma entendía que era absurda la utilización permanente y multitudinaria de cada uno de estos espacios y se decía así mismo que aquellos objetos debían tener un estado de ánimo variable, acorde con las estaciones y con la atmosfera del lugar, voluble en el tiempo. En Verano la gente Interactuaba y existía un sentido de colectividad bastante notorio, en Invierno por el contrario la gente se recogía individualmente. Y así debía ser. Aún así en Invierno eran frecuentes algunos acontecimientos celebrados en la plaza misma, los pescadores se complacían en recibir siempre a los visitantes en Junio, para la estación del calamar. Nunca como desde hacía algunos años esto se había convertido en una fiesta en pleno invierno, La venta de calamares se había multiplicado y en los restaurantes se preparaban platos relacionados que a su vez se exponían en la plaza. Y así sucedían cada tanto con otras actividades, la semana de la anchoveta y del ceviche, recibían por su parte a otro buen puñado de visitantes. Todo esto se convertía una vez más en un rito moderno, o, si se quiere, la actualización de un rito ancestral. El sentido de conquista, ocupación o colonización provisional, todo esto bajo el consentimiento tácito de la tierra, que se abría en si misma a través de estos organismos, acogiendo al habitante y volviéndolo a situar sobre la tierra, que tan solo en ese momento clarificatorio podía hacerse presencia. El mar y la tierra eran extrañamente sacralizados a través de la ofrenda del hombre, y el hombre únicamente a través de estos adquiriría una visión autentica de sí mismo. Así lo sabían muy interiormente Santiago, sus dos hijos, los visitantes de agua Dulce y Playa los pescadores. La tierra acogía en estos organismos.

lunes, 25 de mayo de 2009

Gerardo tiene 43 años, es un biólogo especialista en entomología egresado de la Universidad Mayor de San Marcos. Hace un par de meses estuvo en Altomayo recolectando especimenes de mariposas para realizar un registro detallado de la zona. Durante su estadía registro 439 especies, 13 más de las conocidas hasta el momento. Con ello el aporte que deja a la humanidad es único, muchos otros países y científicos anhelarían realizar nuevos hallazgos de manera tan cotidiana, pero esto en el Perú es casi una rutina debido a la biodiversidad tan grande que posee. Es sábado 26 de agosto, y estos 13 nuevos especimenes serán presentados a la comunidad científica y humanidad en un evento a realizarse en la Academia de la Biodiversidad Peruana, muchos científicos de la región y prensa especializada han sido invitados. Por otra parte turistas interesados y gente que esta de paso empieza a congregarse y unirse a la presentación que se realizara en el auditorio. Gerardo vive en Surquillo, no tiene automóvil, y se dio cuenta que en solo un par de horas empezará la presentación, se quedo dormido preparando los últimos detalles la noche anterior. Por suerte vive cerca de la estación del metropolitano y solo le tomará 20 minutos llegar a la estación de Armendáriz. Una vez ahí, tomara el tranvía para descender al complejo de la Academia ubicado en la ladera del acantilado. Gerardo llega al departamento de investigación, saluda a los empleados e ingresa a su oficina, desde ahí puede observar la espesa neblina de la costa verde entre las diversas especies de árboles del jardín botánico y la gente llegar por la quebrada en el tranvía para ir al museo. Cecilia tiene 10 años y le gustan los animales y la ciencia, siempre esta interesada en el tema. Le ha pedido a su mamá ir por quinta vez en el año a la Academia, ya que se ha enterado de que han llegado fósiles de Argentina de unos dinosaurios y serán expuestos durante este mes. La mamá de Cecilia es convencida y la lleva en su carro, ellas viven por Jesús María así que le tomará 35 minutos llegar por el Paseo de la República. Dejan el carro en el edificio de estacionamientos de el Cortijo y deciden descender la quebraba caminando por la arboleda. A pesar del frío, el canto de las aves y sensación de estar fuera de la ciudad lo hacen meritorio. Llegan a la Academia e ingresan por el túnel, los estratos de rocas se pueden observar a ambos lados, y los paneles de las futuras exhibiciones emocionan a Cecilia. La luz de la sala guía a la gente a través del túnel y al final se pueden ver los fósiles de un gran Titanosaurio, de más de 10 metros de altura, la luz cenital y las rampas alrededor crean un espacio anacrónico, pareciera que los fósiles hubiera estado ahí millones de años. Cecilia se emociona y toma muchas fotos, muchos niños sorprendidos como ella lo hacen, todos quieren ser paleontólogos. La mamá de Cecilia ve el anuncio de la presentación de nuevos especimenes de mariposas y se interesa, así que termina convenciendo a Cecilia para ir a verla. Chuck es un turista de San Francisco, y esta en Perú por un par de semanas, estuvo con unos amigos peruanos en Larcomar y deciden bajar a la playa para conversar y conocer la nueva costa verde, caminan hacia Barranco, y encuentran un edificio sobre el espigón de la Academia, a contraluz se puede observar el esqueleto de un cachalote y gente congregada en el. El mar ingresa por debajo el malecón y una salida de agua del acantilado genera la sensación de estar en un valle costeño luego de haber caminado 10 minutos por el paisaje desierto de la costa verde. Chuck se interesa por la exposición y feliz paga su ticket para acceder a todos los edificios del complejo. Empieza por el edificio del espigón, y se sorprende de ver información que no sabía, como de que el Perú posee la mayor diversidad de fauna marina del mundo. Luego de una hora decide ingresar al acantilado, le llama mucho la atención saber que hay adentro. Asciende por un sistema de rampas y tiene dos opciones para empezar el recorrido, una sobre el barranco y la otra ingresando al barranco. Chuck decide ingresar y empezar su recorrido en el museo, en un espacio que recuerda muy bien la geografía de los Andes peruanos, las circulaciones verticales lo hacen subir a la superficie y volver a bajar, cambiando de sistemas, morfología y hasta climas hasta llega a la selva baja en la quebrada, nunca había estado en un edificio, que experimente la cosas a través de una experiencia directa. Sale feliz del museo hacia la zona interactiva, pero oye por los altavoces del hall que la presentación de los nuevos especimenes de mariposas se realizará en 10 minutos. Chuck se interesa y decide ir con sus amigos. La sala del auditorio esta llena, casi 500 personas congregadas, más de lo que se esperaba. Gerardo da inicio a la presentación, en una sala interactiva, las luces se apagan en el domo y parecieran verse volar 13 mariposas muy grandes en la sala en un fondo negro, los proyectores en tres dimensiones generan un efecto único, es una exposición fuera de lo común, nada aburrida, más bien divertida y emocionante. Durante una hora Gerardo explicó y describió el hallazgo de cada mariposa. Cecilia, su mamá, Chuck y sus amigos sentados en la misma fila aplauden muy emocionados, sienten que han aprendido, han reflexionado y quieren el lugar donde están y la suerte de tener tanto potencial aún por explorar. La prensa especializada comenta muy bien el evento y la difusión es inevitable entre los científicos y gente del medio. Perú ha generado un aporte invaluable a la humanidad en un fin de semana, Gerardo ha renovado sus ganas de seguir realizando su trabajo, Cecilia ha aprendido y quiere aún más la naturaleza, su mamá valora más nuestra biodiversidad y el interés de Cecilia por el tema y Chuck esta feliz de ver algo así en el Perú y no dudara en recomendarlo a sus amigos en Estados Unidos.