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jueves, 28 de mayo de 2009

Lima, 12 de febrero del 2011 Llego de Madrid, después de una estadía larga de casi 8 años, todo parece haber cambiado mucho desde que me fui. Me fue a recoger mi pata Omar al aeropuerto, estuvimos juntos en el cole hasta que terminando quinto de secundaria me mudé con mi familia a Madrid. Nos fuimos por la Costa verde, que ahora está full de gente por todos lados, no parece Lima, es como si estuviese en otro lugar. Cuando éramos más chicos, siempre nos quejábamos de que no teníamos nada que hacer y sólo nos la pasábamos pegados a la tele, o jugando pichanga los domingos cuando no pasaban tantos carros en la calle. Para llegar a su casa, Omar se pasó la subida; es que estábamos acostumbrados a subir al barrio por Productores, ahora hay que llegar por la Pera-caballero nomas, hay que dar la vuelta-. Es alucinante la vista desde su depa, lo que antes era la espalda del cuartel militar, ahora es un gran parque lleno de actividades por doquier que no acaban hasta el infinito del mar. Antes de chicos para carnavales, no teníamos a quien aventarles globos por la ventana, porque por nuestra calle no pasaba ni un alma, ahora está preciso para hacer travesuras, aunque resultaría un poco aburrido, pues el parque es prácticamente agua por todos lados, chorros que salen desde el suelo con muchos niños jugando, piscinas que se funde con el horizonte, canales que marcan rutas que aún no se adonde me llevan, gente que se refresca los rostros, nadando y eso que aún no he bajado a ver la práctica de waterpolo del chato. Me han contado que el complejo de piscinas techadas es alucinante, que realmente nunca notas donde comienzan y donde terminan, es cómo si el complejo contuviera el parque dentro de él. Bueno, lo que si no ha cambiado del panorama, es que uno puede seguir recreándose con las chicas que pasan corriendo puntuales todos los días a las 9 am. Justo ahora que viene San Valentín en dos días, como en tribuna puedo elegir a quien interceptar mañana. Aunque, antes sólo había una oportunidad de paseo, ahí de hecho podía fingir que me las topaba por casualidad, ahora no creo que tomen una sólo ruta de jogging, es más, ya perdí de vista a la pelirroja alta que pasaba. Ya llega Omar con una chelas y ni hemos tomado desayuno, será motivo para bajar al parque e ir al mercadito, a visitar a la casera que prepara unos tamalitos para morirse. Lo sabía, han pasado ocho años y la casera tiene la misma sazón. Ahí en el puesto estaba seguro que me iba a encontrar con el gordo- fijo- porque no se pierde ningún desayuno de domingo en el Mercado. El gordo, ya no era gordo, me cuenta que hace un año toma clases de natación en las piscinas del parque, que lo tienen figurita, la nutricionista del complejo lo llama todos los domingos para advertirle que se debe alejar de la tentación del desayuno en el mercado, pero claro, es inevitable, esas costumbres no se pueden perder. El gordo vive en el edifico de al lado del de Omar, sale todas las noches después de la chamba a correr un rato y de ahí, después del calentamiento, se da una ducha al lado de la piscina y después, de frente al agua. Lo mostro es que las duchas están por todos lados, no tienes que estar esperando a que los de la clase se duchen, es más ahí veo que las duchas las utilizan para cosas alucinantes, hay unos chibolos jugando, otros hasta inflan sus globos, y por ahí también unos papis enjuagan a su bebita antes de irse a tomar micro, para que no esté de agua con cloro hasta llegar a casa. Antes el gordo no corría con nosotros porque se aburría de dar vueltas en circulo a un mismo lugar- bueno y quien no- pero ahora esta feliz, puede tomar atajos, pasar de un lado a otro, diferentes suelos, hasta por charcos de agua si quiere refrescarse, y por supuesto, no le faltan las flaquitas que lo acompañan en su paseo (por lo menos eso es lo que él dice). Después del desayuno lo acompañamos a cuadrar sus horarios con el entrenador. Al entrar al complejo, quedaba la duda de si realmente habíamos salido del parque, el hall encuadraba el mar y la parte de debajo de la costa verde, las piscinas parecen estar sobre el mar, me muero por bajar, pero aluciné que debía ser un latón y no me animé a decirles lo que quería hacer hasta que el mismo Omar se ofreció a mostrarme todo el rollo de abajo. Pensé que íbamos a tener que salir y latear rodeando el parque o algo así, pero no, desde el mismo hall, sin perder de vista nuestro objetivo, ya estábamos bajando hacia el mar, que cada vez estaba más cerca. Obviamente no aguanté más y busqué la piscina más profunda y más cerca al mar, cuando iba a darme el chapuzón, recordé dos cosas: una que no tenía ropa de baño, y dos que tenia mi celular y mi billetera en el bolsillo. No había roche en realidad, reconocí unos módulos que se repetían a lo largo de todo el parque, la gente entraba vestida y salía medio sin nada, sospeché que ahí podía conseguir una ropa de baño y dejar mis cosas. Después de haberme preparado para el bañito, no quedaba más que relajarme y disfrutar, el estar dentro de esta piscina, me alejaba de todo, ya no habían combis, no habían bocinas, no había basura… no estaba en la Lima que dejé en el 2003. Necesitaba la zambullida para regresar a la realidad, porque extrañaba mi Lima caótica y así descubrí que el agua de esa piscina era salada. Me pasé toda la tarde con los ojos rojos en la parrillada del loco -otro pata del barrio que sí se casó y se mudó, pero sólo a una cuadra de donde nosotros estábamos-. Mientras se hacia la carne, sus hijos estaban aburridísimos. El loco los mandó a jugar al parque - no digo que está loco, dejar a los niños sueltos en la plaza!! -, me fui a verlos un rato, llame a Marisol la mayor, para preguntarle que les gustaba hacer ahí, me cuenta que ahí ha conocido a un montón de gente de todos lados, no sólo de barrio; que en las lomas se juntan a contar historias de terror cuando ya se esta haciendo de noche y que las chicas bailan con High school musical 8 apenas de desocupan los enchufes de las zonas secas. Lo que más le gusta, es que ahora es recontra amiguera, ella no sabía flotar el muertito y Raquel (su amiga de San Miguel) le enseño en sólo dos días, dice que es una campeona en eso y que ya no tiene que estar en las positas bajas, que ahora puede meterse a las posas hondas. Dice que cuando esta enferma y no la dejan bañarse en las piscinas, se va a la zona de piletas y se moja con los chorros de agua para después alegar que fue de casualidad; que ella no sabía que ese chorro estaba encendido (Es que ahora los chibolos se las saben todas). Al final y me dice que si quiere vaya para la casa nomas, que ella cuida a su hermanito y que si pasa algo, sus abuelos estaban paseando hacia la orilla del muelle, que a ellos les hace bien el aire fresco, a veces se quedan leyendo en las bancas de abajo hasta tarde y que de ahí subían a la parrillada con ellos. Después de la parrillada, música y unas chelas más, me di cuenta que el parque al caer la noche se llenó de gente más contemporánea, que juega con fuego. Siempre me gustó eso, de hecho se ganan su sencillo porque son unos capos. Con su fuego iluminan el mar y hacen que los colores distintos de las flores que se desparraman hasta el muelle se noten mucho más. Lima, 15 de Julio del 2011 Ya es el día de regresar a Madrid, después de una larga estadía en Lima. Por lo único que me quiero ir es porque aquí está helando y España está en pleno verano. A pesar de la neblina, y el frío hay muchos chicos, que han tomado lo que en verano son las pozas bajas, como lugar para el skate, además, también claro, para un friolento cómo yo, están las piscinas temperadas del complejo. Ayer fue la exposición de Noche en Blanco y emplazaron frente al complejo una escultura con luces de neón de todos los colores, color, luz y neblina, son la combinación perfecta para sentir que se ingresaba a una nebulosa galáctica. Todo eso en la parte de arriba, porque abajo, dónde llegaba más gente por el estacionamiento, estaban los reflectores sobre la piscina de agua salada, que habían cubierto con un tabladillo para presentar a Daft Punk en concierto, los juegos de luces se proyectaban sobre la superficie del complejo y el acantilado que parecían uno sólo. Yo bajé por el hall del complejo que se abre al público, presta su circulación al exterior, participa en el circuito, es como un tubo conductor. Fue una noche mágica, nunca la voy a olvidar, mi grupo favorito, mi ciudad favorita, mi gente favorita, todo junto ahí en la Costa Verde, mientras cruzaban el cielo los parapentistas (que locos). Me voy, con ganas de regresar, a ver si ahora si encuentro a la pelirroja.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Era uno de los primeros Sábados de Diciembre, y desde temprano Grupos de Familias iban ocupando progresivamente en Agua Dulce y playa Los Pescadores la pequeña porción de territorio que les correspondía. Santiago sube a un bote acompañado por sus dos hijos, y guiados por un grupo de pescadores a bordo de una barca irían en búsqueda de suerte algunas millas mar adentro, esperando volver entrada la tarde para poder enseñarle a sus dos hijos el significado de la preparación de un plato de ceviche habiéndose ganado ellos mismos su propia comida. La experiencia aquí es completa, pescas mar adentro e, inmediatamente pisas tierra, una serie de espacios artificiales son flexibles de ser ocupados espontáneamente para la propia preparación de los pescados, capturados mar adentro o bien tan solo comprados en el mercado. Cada uno de estos espacios abiertos parecía independizarse al mismo tiempo que el conjunto de ellos definía más bien una topografía colectiva y pictórica con un cierto sentido de asentamiento, una especie de plaza que daba lugar a la ocupación individualizada de cada una de las familias que albergaba. Había lugar incluso para las familias más apáticas que preferían aislarse ocupando pequeños cubículos semi-abiertos o semi-cerrados equipados además con pequeñas cocinas que les permitían preparar, por sí mismas, diferentes platos fritos, al tiempo que se hundían en la experiencia intima de estos recintos. Estos espacios, como sucede en la playa vecina de Agua Dulce, se dejaban colonizar al mismo tiempo que imponían su propio orden de ocupación. Existía un cierto sentido iniciatorio en toda esta experiencia, una especie de rito individual y colectivo que se iniciaba una vez el espacio te ofrecía la posibilidad de ocuparlo, tan solo provisionalmente, y que terminaba una vez te retirabas por la noche devolviéndole a sí mismo su sentido de entidad propia. Es que esta plaza era casi una entidad consciente, que, como la naturaleza misma, ofrecía el regalo virtuoso de su propia ocupación. Acogía pero no incondicionalmente, te aceptaba, pudiendo al mismo tiempo expulsarte. Y así parecía entenderlo Santiago, sus dos hijos, y cada una de la familias que iban llegando desde la mañana, y así parecía ser entendido además por los pescadores para quienes este organismo no era muy distinto de aquel otro llamado por ellos no con poco misticismo la mar y que día tras día les negaba o concedía grandes favores. Así mismo, esta entidad parecía congeniar amistosamente con aquellas otras figuras, enclavadas duramente a la manera de rocas artificiales en la orilla del mar, al parecer restaurantes, en los que la experiencia misma del comer aquello ofrendado por el mar adquiría una vez más cierta connotación de rito. Numerosos niños apostados alrededor de ellas, utilizaban la dura piel de sus superficies (aquellas que no se abrían al mar) como pequeñas montañas en miniatura, diminutos gigantes impredecibles que al mismo tiempo los obligan a retroceder y a darles conquista, a escalarlos, desafiarlos, ocultarse en ellos, todo esto bajo la impávida observación de unos padres aterrorizados e inquietos pero al mismo tiempo permisivos puesto que entendían la irresistible atracción que cada uno de estos cuerpos enigmáticos debía ejercer en la imaginación delirante de un niño. Al mismo tiempo y en ocasiones, algunos padres utilizaban estas superficies donde la preparación rápida de un ceviche sobre rocas artificiales adquiría cierta connotación ancestral. A veces el mar subía y estas rocas eran tocadas por el mar en su base, los restaurantes, al estar los metros necesarios suspendidos sobre la misma se permitían gozar del chapoteo espontaneo de las diminutas olas por debajo de ellos, y el paisaje entonces cambiaba, algunos visitantes debían retirarse usando algunos puentes escuetos que llevaban al inicio de la plaza evitando así mojarse, los niños jugaban ahora en este pequeño entorno inundado y algunos padres preparaban el ceviche mojándose los pies todavía ancestralmente. Y es que ancestral era la palabra exacta, puesto que a pesar de que no hace mucho, todos estos organismos habían cobrado una existencia real, física, cierta cualidad de monolito parecía dotarlos de una existencia ajena al tiempo, desmedida, en la que el visitante accedía a una especie de círculo mágico imaginario, donde el extrañamiento, el ocultamiento, y el desplazamiento de aquel orden tiránico llamado costumbre se convertía en la esencia ultima de la experiencia.   Pero devuelta a los restaurantes, si bien estos permitían en su superficie distintas situaciones de carácter epidérmico, estos contenían a su vez en su vientre la vida esencial de restaurantes que les correspondía, en donde, si bien por un lado era posible la preparación tradicional de un plato de ceviche, algunos otros cocineros se tomaban la licencia de introducir algunos platos inquietos y no tan bien conocidos, al mismo tiempo que introducían algunas especies marinas no demasiado populares o en proceso de popularización que compraban directamente a los pescadores, a su vez contentos de poder vender finalmente aquellas especies que en otras épocas no habían encontrado compradores por desconocimiento popular, como la anchoveta, o el pez lobo, y que fueron introducidas poco a poco a través de eventos de gastronomía marina celebrados allí mismo cada tanto y gracias además a aquel espíritu un tanto irreverente de aquellos mismos nuevos cocineros llegados inmediatamente ocurrida la transformación del viejo mercado, la aparición de la plaza, y los nuevos restaurantes. Cada cierto tiempo, el lugar adquiría un carácter de fiesta. Santiago recordaba tristemente aquellos años en los que veía crecer a sus dos hijos, pensando que finalmente se irían y él quedaría solo. A veces venia por su propia cuenta y paseaba por la plaza y por el muelle en Invierno, en donde, si bien toda aquella afluencia de gente ciertamente disminuía, la cualidad de cada uno de estos elementos les permitía a los visitantes recogerse en su propia subjetividad, casi como una especie de hibernación estacional a la vez necesaria para comprender el espíritu festivo de la estación de Verano. Santiago de alguna forma entendía que era absurda la utilización permanente y multitudinaria de cada uno de estos espacios y se decía así mismo que aquellos objetos debían tener un estado de ánimo variable, acorde con las estaciones y con la atmosfera del lugar, voluble en el tiempo. En Verano la gente Interactuaba y existía un sentido de colectividad bastante notorio, en Invierno por el contrario la gente se recogía individualmente. Y así debía ser. Aún así en Invierno eran frecuentes algunos acontecimientos celebrados en la plaza misma, los pescadores se complacían en recibir siempre a los visitantes en Junio, para la estación del calamar. Nunca como desde hacía algunos años esto se había convertido en una fiesta en pleno invierno, La venta de calamares se había multiplicado y en los restaurantes se preparaban platos relacionados que a su vez se exponían en la plaza. Y así sucedían cada tanto con otras actividades, la semana de la anchoveta y del ceviche, recibían por su parte a otro buen puñado de visitantes. Todo esto se convertía una vez más en un rito moderno, o, si se quiere, la actualización de un rito ancestral. El sentido de conquista, ocupación o colonización provisional, todo esto bajo el consentimiento tácito de la tierra, que se abría en si misma a través de estos organismos, acogiendo al habitante y volviéndolo a situar sobre la tierra, que tan solo en ese momento clarificatorio podía hacerse presencia. El mar y la tierra eran extrañamente sacralizados a través de la ofrenda del hombre, y el hombre únicamente a través de estos adquiriría una visión autentica de sí mismo. Así lo sabían muy interiormente Santiago, sus dos hijos, los visitantes de agua Dulce y Playa los pescadores. La tierra acogía en estos organismos.

lunes, 25 de mayo de 2009

Nixa es una universitaria de 23 años, quien esta cansado de las actividades rutinarias y del estrés de la ciudad. Era sábado y recibe la llamada de Favio, un turista a quien conoció en la calle de las pizas. Ambos deciden encontrarse en el Parque Kennedy y decidieron dar un paseo por los alrededores; sin embargo comienzan a percatarse que todo se resumía en un ciclo rutinario de visitar tiendas. Nixa le comenta que si había visitado la bajada Balta y Favio le dice ¿Qué es una bajada?, y ella le contesta bueno ahora si tendrás un paseo excepcional. Así ambos se dirigen hacia el final de la calle diagonal y Favio se percata que el congestionamiento del tráfico y de la bulla de la ciudad comienza a quedarse atrás. Favio se sorprende y dice que quien había realizado este acceso. Niza le comenta que hace muchísimos años atrás los antiguos pobladores de la zona irrigaron artificialmente por medio del río Huatica, el cual al precipitarse hacia el mar erosiono el barranco y produjo este acceso natural. Así comienzan a caminar sin horizonte por un sendero con una ladera vegetal y con una frondosa copas árboles que les proporciona sombra, en donde el auto pasa a un segundo plano debido al empedrado de la vía. De repente se les presenta un puente de madera, el cual les permite desviar el sendero hacia el lado opuesto. En el puente, al voltear la mirada, se dan cuenta que el mar se le presenta y lo descubren, lo cual le parece una maravilla a Favio. Ya en el otro sendero, ven a lo lejos, a través del arco del puente Villenas un edificio, a lo cual Favio comenta emocionadamente – yo quiero ir hacia alla- y Nixa le comenta que el camino continuaba que había que había muchas cosas mas por experimentar. Al llegar a la playa deciden dirigirse al espigon para embarcarse hacia el edificio. Así para llegar a el pasan primero por las olas y espuma blanca del mar, para llegar a una zona más tranquila en donde solo se percibe tranquilidad y naturaleza. Casi mil metros mar adentro logran alcanzar al edificio. Nixa le comenta que ella acude a ese edificio cada vez que siente la necesidad de despejarse de la rutina de la universidad y del estrés de la ciudad misma. Al ingresar los recibe el hall, el cual permite volver a ver el puente Villenas y recordar esas vivencias pero ahora desde el lado opuesto, desde el mar. Decidieron acceder al restaurante y comer en sus terrazas, bajo diferentes texturas de techos, en donde se puede tener una visual más cercana del mar y tener la oportunidad en un par de horas de ver el encuentro del sol con el mar, el sunset. Desde estas terrazas podían observar como la gente realizaba pesca deportiva en plataformas, a quienes a ambos les dio curiosidad y decidieron acercase un poco más para indagar. Ambos se acercaron a unos de los modulo y el señor encargado le comento que les podía alquilar los equipos y hasta incluso brindarle unas clases teóricas. Ambos aceptaron y disfrutaron de esta nueva experiencia. A una distancia prudente se encontraba un paradero, dirigido hacia el deportista de mar y de vientos, viajeros, etc quienes decidían tener una parada en el edificio para poder abastecerse, hospedarse o simplemente descansar. Así, Nixa le recomienda acceder al lounge deportivo. Una vez ahí encuentran una variedad de espacios con sombra o sin sombra para poder descansar, tomar un trago y charlar, ver como las personas se lanzan un zambullido hacia el mar, compartir en los juegos de mesa e interactuar con las demás personas. Comenzaba a atardece, Favio quedo maravillado de poder ver el perfil de la ciudad y voltear la mira da y solo ver el mar y el cielo. Ambos no querían retirarse, ya que querían seguir disfrutando de lo que aun no había visitado como tener la posibilidad de trasladarme hacia otros espigones o incluso hacia la isla San Lorenzo, de la variedad de espacio y del encuentro con el mar, tomar unos masajes , etc Por tales motivos, decidieron hospedarse un par de días para seguir disfrutando de todo esto.
Llegó de nuevo el fin de semana, por fin se puede descansar hasta un poco más tarde y relajarse el resto del día juntos con los hijos. Dan las 9 de la mañana y Santiago y su esposa despiertan al escuchar los pasos de sus pequeños hijos Melisa y Pedro, de 6 y 9 años respectivamente, dirigiéndose a su cuarto. Las dos pulgas saltan sobre la cama y empiezan a juguetear con sus padres, esta es señal de que ellos ya están listos para empezar el día. Terminado la hora del desayuno los niños buscan sus juguetes preferidos, los sacan a la sala, inspeccionan cual es el mejor rincón y empiezan a jugar. Pedro se ubicó frente a la tele, conectó su Play Station 3 (el regalito de navidad de sus padres) y se desconectó del mundo mientras su mente pensaba en como mataría al monstruo que aparecía en la pantalla. Por otro lado Melisa cogió sus bloques de madera y empezó a ¨construir¨ la casa para sus pequeñas muñecas, luego su imaginación empezó a volar e inventar una historia con ellas. Cada uno se divertía por su lado mientras Santiago, quien estaba sentado con ellos en la sala, los observaba de reojo al mismo tiempo que se entretenía leyendo el diario. Daban ya las 11 de la mañana y los niños ya se habían aburrido de estar dentro del departamento así que les dicen a sus papas para bajar al malecón para seguir jugando. De igual forma, luego de la semana cargada de trabajo, lo último que necesitaban ambos adultos era estar encerrados en casa. Al llegar al parque se encontraron con una gran cantidad de niños paseando en bicicleta o patinando, por ahí algunos con skates u otros simplemente paseando con sus padres. Mientras se descendía por las escaleras se observaba todo un ambiente de transito ya sea a velocidades moderadas para sentir la emoción de coger velocidad con las pendientes o totalmente lenta para así ir contemplando el mar desde el gran balcón del malecón. Era hora de dirigirse a la zona de juego así que empezaron a bajar por el camino que lleva hacia la parte baja del acantilado. El camino era una especie de hilo que conectaba una secuencia de plazas lúdicas. En la primera de la mano izquierda, mientras Pedro la recorría se encontró con un tablero grande de ajedrez donde el rey era un poco más pequeño que él. No le faltaron ganas de empezar a mover las fichas a su regalado gusto. Santiago viendo el interés de su hijo se ubico al otro lado dispuesto a empezar una partida en la que iría enseñándole a su hijo las jugadas a realizarse. Así como este juego había otros de igual tamaño. La plaza era un gran tablero donde los juegos de mesa se llevaban a cabo. Junto a esta zona de juegos tranquilos se encontraba una galería de exhibiciones temporales, en ese momento se exhibían los diferentes personajes de acción, tanto de la época de Santiago como de Pedro, donde grandes imágenes llamaban la atención de los visitantes y la explicación de la lógica física de los poderes de cada uno acrecentaban la curiosidad tanto de grandes como de chicos. Como esta exhibición también había exhibiciones de pinturas, esculturas y fotos. Junto a la galería se ubicaba un gran espacio de actividades lúdico artísticas. El ambiente era dividido por elementos coloridos y de diversos tamaños que jugaban a darle distinto carácter a las diversas zonas ya sean de pintura, arcilla, origami, globos o plastilina donde Melisa jugaba a crear algo que fuera a aparecer en la zona de exhibiciones, con el afán de hacer algo bonito le pide ayuda a su mama. Hacia el lado derecho del camino se encontraba la biblioteca junto a la mediateca. Una terraza los recibía al espacio, aquí padres e hijos estaban recostados en el pasto leyendo cuentos. También había una sala llena de elementos donde los niños podían recrear historias según la imaginación de ellos o final que quisieran darle a los cuentos ya conocidos. En esta zona también había un pequeño anfiteatro donde eventualmente Santiago y sus hijos se sentaban a ver obras de teatro infantil o donde los pequeños mismos escenificaban sus cuentos. Era hora de continuar bajando. Y otras plataformas recibían a la familia. En este segundo nivel, Melisa encontró los bloques con los que había estado jugando anteriormente en casa pero mucho más grandes. Ya no eran bloques para construir algo para su muñeca sino que podía construir algo para ella misma. Podía jalarlos, levantarlos o girarlos pero teniendo en cuenta la ayuda de su mama. Así esta última también participaría en la creación de la pequeña. La topografía en esta zona era tratada de tal forma que los niños podían trepar y jugar con los diversos desniveles. Así mismo elementos musicales artesanales darían el ambiente sonoro a esta zona de juego. Junto a este espacio se ubicaba también la ludoteca si el interés del niño iba por el uso de juguetes de la época. Sin darse cuenta entretenidos entre juego y juego ya eran las 2 de la tarde y era hora del almuerzo. Como era de imaginarse ni Pedro ni Melisa pensaban abandonar su juego así que Santiago y su esposa decidieron no regresar a casa, por más que vivieran totalmente cerca, y prefirieron almorzar ahí. Casi llegando a la zona de playa se encontraba la zona de descanso y refrigerio donde un patio de comida ofrecía como buffet una diversidad de platos preferidos por los chicos. Mientras almorzaban en una terraza amplia con vista total del mar los juegos de agua ubicados en la zona de playa llamaban demasiado la atención de Pedro y Melisa quien presurosos por bajar devoraron sus hamburguesas para continuar el camino y seguir jugando. Llegada las 6 de la tarde el cansancio total abordaba a los pequeños quienes debieron de haber recorrido al menos un par de veces más las zonas de juego con sus padres. Es entonces que Santiago y su esposa cargados en brazos regresan con Pedo y Melisa a casa, esperando estos últimos repetir la experiencia el próximo fin.

Annie:

 Hola amiga como estas. Te cuento que yo estoy muy bien, recién disfrutando de mis vacaciones por Sudamérica. Te diré que ayer llegue a Perú, exactamente a Lima, y bueno como toda turista me hospede en un hostel cerca al Pque Kennedy en Miraflores. Me levante al mediodía, y decidí salir a conocer Lima y ver que aventurilla tenia para ofrecerme, al fin y al cabo tengo un par de días para conocer esta ciudad antes de  partir rumbo al Cusco. Al salir del hostel fui al parque mismo y comencé a indagar que era lo que había a los alrededores, entonces me ofrecieron una amplia gama de actividades que incluía recorridos en buses, pero tu sabes que pasearme en un bus mirador no es lo mío. Así que decidí hacer mi propio recorrido, iba andando por ahí cuando cerca al parque descubrí un acceso al mar, una bajada, donde veía personas bajar corriendo, ejercitándose, algunos con sus tablas de surf y otros simplemente conversando. Me pregunte que sucedería allá abajo y porque tanta gente baja y sube pero todos caminando, así que decidí seguir a un grupo.

Créeme cuando te digo que el camino que tome fue el correcto. Para empezar el recorrido era un descenso hacia el mar, donde la vegetación, los arboles, te hacían entrar en un mayor contacto con la naturaleza. Y ahí entendí porque la gente baja y sube caminando, solo así podrían entender y disfrutar el lugar. Luego de recorrer el sendero lleno de vegetación llegue a un gran umbral: donde el mar era el gran escenario, no solo por la visual sino también porque desde ahí podía observa todo lo que ocurría en el. Era un mar vivo, activo, con personas practicando deportes acuáticos, nadando o simplemente observando el mar.

Esa imagen se grabo en mi mente y lo único que hizo fue llenarme de ganas de querer bajar más para ver lo que había ahí. Pregunte a unos jóvenes que bajaban y me dijeron que esa actividad era producto de un centro de enseñanza de deportes náuticos que estaba ahí, que había permitido a muchos poder disfrutar y aprovechar el mar a través de los deportes náuticos. Esa situación me pareció fabulosa y a pesar de que no se nada de deportes náuticos y a lo mucho se nadar me dirigí ahí impulsada más que todo por la curiosidad y por mis ganas de disfrutar el mar.

El edificio se encontraba sobre un antiguo espigón, se apoya sobre él pero también hace uso de un muelle para no afectar las corrientes ni los flujos de olas existentes y para poder entrar al mar, más allá de la rompiente, ya que muchos de los deportes acuáticos se practican pasando la rompiente de las olas. Al entrar en el edificio se ve por un lado un área pública donde las personas comen, compran y pueden contemplar y nadar en el mar e inclusive pueden alquilar embarcaciones para realizar paseos a la Isla Palomino que se encuentra cerca de Lima, pero sobre todo es una especie de lugar de información donde uno decide que hacer. Ahí me entere de los deportes que se enseñaban, los costos y a que escuela dirigirme para aprender determinado deporte, pues hay q decir que ofrecen variedad. Es un espacio abierto donde todos pueden ingresar y donde uno decide que es lo que quiere hacer. Hay que añadir también que ahí uno escucha hablar a otros sobre que le pareció tal o cual deporte, quien es el mejor instructor y donde muchos jóvenes intercambian sus experiencias y  vivencias en el mar. Pero también  hay muchas personas que no quieren aprender y solo van a contemplar o esperar mientras sus hermanos, enamorados o amigos  están aprendiendo y donde tienen algo que hacer aparte de observar, he de añadir que muy aparte de ser un lugar un paso y de encuentro, es un lugar donde se tiene una mirada distinta no solo al mar, sino también a la ciudad y donde el edificio enmarca y resalta diferentes puntos de vista y visuales de la ciudad y el mar.

 

Pero también por otra parte está lo que me pareció mas interesante, y son las clases de deportes acuáticos. Ahí están los  instructores, jóvenes y niños que van con deseos de aprender, pues estos deportes no eran de fácil acceso para todos, en cambio ahora con ese centro de enseñanza es mas fácil para todos poder practicarlos. Así también hay varios turistas que como yo o no saben nada de deportes náuticos y llevados por la curiosidad desean aprender u otros que ya tienen conocimientos previos y desean practicar unas horas su deporte favorito. Como bien tu sabrás, en mi país, nunca tengo tiempo para poder aprender algún deporte, y menos náutico, así que me dije a mi misma, porque no? y que mejor ahí donde me ofrecen desde el equipo hasta el traje para poder practicarlo.

 

El edificio esta emplazado de tal manera que cada deporte ha encontrado su mejor ubicación en relación con el mar. Desde los deportes que requieren las olas y la rompiente, como aquellos que necesitan ir más allá de la misma. He de salir del espacio publico para entrar a uno mas controlado, donde se ubican las escuelas, ese espacio esta  a otro nivel, con otra visual. Yo me había decidido por aprender vela y mi primera embarcación sería un sunfish, una embarcación para principiantes. Antes de entrar al mar, vino la clase teórica: aprender nudos, armar la embarcación, palabras técnicas, y un calentamiento previo antes de ingresar al mar. Al fin el mar!!!! Hay un muellecito más pequeño que me permite entrar mas fácilmente, el muelle se inclina hasta q esta al nivel del mar, finalmente el mar y yo. Y bueno, el instructor al lado. He de decirte que bañarte n el mar es una cosa, pero es muy distinto, el mar, tu y una embarcación, porque el mar te reta, y el gran desafío es controlar la nave. En fin fue una experiencia única y lo mejor muy cerca al hostel.  Al acabar la clase me dirigí a los vestidores, me duche y ya estaba de nuevo lista para poder regresar al hostel , o a disfrutar de Miraflores y ver que  otras cosas tenia Lima para ofrecerme. Creo que me quedare un poco mas a ver si aprendo bien. Ya t estaré contando en otro mail. Saludos

 

 

Carlos, tiene quince años y desde hace ocho vive en centro de Lima, muy cerca al parque de la exposición. Aún está en el colegio, aunque ya le falta poco para terminar. Su familia, es una típica familia limeña, con padres que trabajan de lunes a viernes y una hermana menor, Anita, que se encuentran en primaria aún. Aquel viernes en la noche el padre de Carlos, los convenció de pasar un tiempo juntos y visitar algún lugar interesante en la ciudad, él acababa de escuchar sobre un museo que se había abierto en Barranco, un museo que por lo que había escuchado, era diferente y estaba relacionado con la vida marina. Al día siguiente la familia de Carlos se dispuso a salir en el auto familiar; la arquitectura antigua de Lima iba cambiando, intercalándose con grandes edificios y casas más modernas y antiguas a medida que iban avanzando a lo largo del “zajón”, no había mucho tráfico. Ya había pasado media hora desde que salieron de su casa, cuando llegaron al malecón de Armendáriz. Eran las diez de la mañana, de un nublado sábado de invierno, como tantos otros días en donde la neblina resulta una densa capa sobre el mar, que rara vez deja pasar los rayos solares. Al llegar, se apreciaba ese contraste entre urbano y natural que existe en el sitio, el tejido urbano que conforma el lugar con altos edificios; y una quebrada que constituye un espacio natural de gran magnitud en dirección al mar en medio de la ciudad. Se podía observar una gran masa de autos que salía y entraba a la ciudad, gente desplazándose y haciendo deporte, algunos corriendo y otros en bicicleta; ahora tenían un puente por donde cruzar, un puente que unificaba el malecón. De pronto, al dirigir la mirada sobre uno de los extremos de dicho puente, en una de las caras de la quebrada, se veía un emplazamiento natural que comenzaba en el malecón y al parecer continuaba hasta el mar. Un edificio cuya estructura iba, cual hilo que cose una tela, entrando y saliendo de la cara de la quebrada en dirección al mar. En el estacionamiento del lugar, ya habían otros autos a pesar de que era temprano, el museo acaba de abrir hace una hora a lo mucho, habían también tres o cuatro buses escolares de diferentes colegios de Lima. En el ingreso había un grupo de niños con uniforme que estaban esperando para entrar mientras que la profesora los ordenaba. Al ingresar la mamá de Carlos comentó sobre como el espacio dirigía la visual hacia el mar, mientras que Anita, se había infiltrado entre un grupo de niños que se encontraban observando unos cangrejos encontrados a quinientos metros bajo el nivel del mar. El guía de dicho grupo, era un buzo que les contaba a los niños sobre sus experiencias bajo el mar y como había recolectado muchas de las muestras. El espacio estaba metido en la quebrada, como enterrado, cerrado y con las condiciones necesarias para la conservación de las colecciones, pero aún así como bien había observado la mamá de Carlos tenia la visual dirigida hacia el mar, como indicando el comienzo de un recorrido que terminaría en ese punto. Siguieron recorriendo el edificio, se trataba de una serie de espacios continuos, alternando lugares abiertos y cerrados, era interesante para todos, ver cómo podían meterse en espacios incrustados en la misma quebrada, para luego salir a espacios abiertos y nuevamente volver a introducirse a espacios parcialmente enterrados; al mismo tiempo que iban aproximándose cada vez más al mar y descubriendo visualmente la costa verde. Al continuar, ingresaron a un lugar que a Anita le llamó mucho la atención, se trataba de una sala de juegos interactivos, donde un gran número de niños de aproximadamente ocho y nueve anos se encontraba manipulando experimentos con ayuda de los guías, al parecer todos se estaban divirtiendo. El espacio se encontraba parcialmente enterrado y permitía por estas entradas y salidas que posee la quebrada dirigir su visual hacia abajo, observando como la naturaleza se desplazaba, Anita se sentó justo en esta abertura hacia abajo, sus pies colgaban y su mirada estaba en las flores que crecían, se encontraba en el límite entre lo construido y lo natural. Al seguir su paseo, llegaron a un espacio abierto donde Carlos observó a un grupo de estudiantes que salían de una de las salas, eran un poco mayor que él, al parecer venían de una universidad. Uno de los caminos que partía de este espacio abierto estaba señalado por un cartel que hablaba sobre teatro para niños y otro sobre talleres de manualidades y sobre un taller meteorológico para niños. La mamá de Carlos se interesó y quiso entrar a preguntar. Ya dentro Anita vio a niños de su edad trabajando en arcilla, haciendo pintura entre otras cosas relacionadas con el mar, a los alrededores había muestras de piedras y un pequeño estanque con peces, con una vista entre la quebrada y el mar. Llegaron luego, a un lugar de encuentro donde se podía comer algo con una vista increíble y a la vez observar arte relacionado con el mar y tal vez comprar algún recuerdo. A medida que seguían avanzando el papá de Carlos se daba cuenta como el paisaje del acantilado desde el Callao hasta donde se encontraban, se iba abriendo cada vez más y como en cada uno de los espacios que visitaron las visuales estaban diseñadas en base a este objetivo. Cuando ya habían descendido hasta casi el nivel de la pista, donde tres carriles albergan una gran cantidad de autos, llegaron a un mirador que se extendía por encima de dicha pista, con una vista amplia hacia el mar. Desde ahí se podía observar otra parte del edificio que se encontraba sobre dicho mar. La familia de Carlos decidió seguir el paseo, se encontraron con otros espacios recorribles con especies vivas, con espacios abiertos y cerrados, en el último punto del recorrido vieron a familias y grupos de amigos saliendo en embarcaciones pequeñas, una de las personas que iba caminado casi al lado de ellos, era un turista que les comento sobre estos paseos complementarios organizados por el museo rumbo a la isla San Lorenzo, donde acompañados de buzos profesionales se invitaba a la gente a bucear en aguas donde se podía observa ecosistemas de los que ya se habían aprendido en el museo. Escucharon, por ahí también, algunos comentarios sobre un arrecife artificial, que aunque aún no estaba concretado sonaba muy interesante. Si bien la familia de Carlos no estaba preparada para dicho viaje en ese momento, pues ya había pasado gran parte del día en el museo, decidieron que lo iban a hacer el siguiente fin de semana, mientras que Anita estaba emocionada por los talleres los que iba a asistir a partir del lunes después del colegio.
transformación de una casona Casonas, casonas, ranchos, casonas, paseando un martes por la mañana barranquina, solo existe gente viviendo y viviendo, solo viven, ya estoy por la San Martín, siento el frío de la sombra y la calidez de la calle, árboles. Este era el Barranco que mis abuelos me inducían a creer, caserío de veraneantes, trato de constatar la historia del abuelo en el paseo del martes, parece ser cierta, llegué a Sáenz Peña, casas, casonas, casonas, ranchos, alameda que se pierde en el mar, mar de vapor, no, algo no concuerda. Decido atrevidamente ingresar a una de las residencias (casonas, casonas) ya que el ingreso es diferente a la imagen que tengo del relato del abuelo, encontré lo que no concuerda!, ya no es más una residencia. Dédalo, logro leer en la pared del recinto, las obras de arte y artesanía logran persuadirme soslayadamente …2 horas!.... sigo el paseo en la mañana barranquina, volteo y mar, niebla y cielo se confunden en uno solo, sigo mi camino pensando. La casa que contaba el abuelo (Dédalo ) ahora persuade por el arte que alberga, yo también quisiera albergar en mi casa arte y que lo miren, momento, vivo en departamento en San Felipe, fregado! Las calles me llevan, las calles y los muros que la contienen se apoderan de mis pasos, cuando vuelvo en mí leo en un cartel que desdibuja el paseo que tranquilamente llevaba, Perez Roca. Casonas, casonas? Si, igual encuentro algo raro, una entradita peculiar dentro de una misma casona, una casona como la anterior, sorpresa de nuevo, Cinematógrafo de Barranco llego a leer. Justo “Pink Flamingos” la que necesito ver. Yo también quiero proyectar así unas peli…..vivo en departamento! Hora de almuerzo, Av. San Martín, Bajada de baños, Chala, casona?, no, Restaurante, que rico! Me encontré con una amiga. Dos de la tarde, ahora Barranco se apodera de 4 pasos, nos lleva de vuelta a la alameda que se pierde entre el mar y la niebla, casona!! No, Teatro. En el Mocha Graña nos quedamos a ver la obra, yo también quiero…., no puedo, ella también quería vive en una casa de la Molina, tampoco puede (hacer obras de teatro y que las vean). Regreso a las sombras de los ficus colosales, que me llevan por gravedad más cerca del mar….casonas, casonas, casona o restaurante?, casa, casona o bar?, casona, casa, casona o peña?, casa, casona, van bajando con sus techos al ritmo de la pendiente, nuestros pasos y los techos ritman en el entorno, se apodera de nuestra mente. Se acabó el ritmo , el mar protagoniza, es un solo ritmo ahora, la bajada casi nos dejaría flotando en el océano, antes de ir a tirar piedritas al mar vemos algo que se desprende como un brazo de ese mar protagónico, un camino dentro de la perspectiva del mar casi imperceptible, casona?...... El acantilado hace su aparición, estamos literalmente en medio de él, pinturas y esculturas enterradas dentro del cerro protagonista, persuasión otra vez, creadores y observadores se mezclan frente a la obra artística, quiero llevar clases. Ella dice: encontré otro taller enterrado!, a ver las pintur…, no hay pinturas, escenario y actores nos presentan teatro, otro teatro? No, alquiler de herramientas, confundidos, cartel “el domingo se proyectará tal película”→sala de exposiciones? Seguimos anclados en el acantilado, el mar es la escenografía posterior de nuestros pasos, desaparece, no, ahí está de nuevo, más obras de arte, más exposiciones, no sé con qué me voy a topar ahora, el entorno guía mis pasos, como en la alameda que se perdía en el mar y la niebla, o como en la sombra de San Martín, o como en el ritmo de los techos de la bajada… casona!, no. Llegó la hora de tirar piedritas, bajamos, piedras limpiecitas, la noche reemplaza el mar o la neblina, ah me olvidaba, estudio arte.
En un día de primavera, Karina decidió que era el momento perfecto para comenzar su rutina de ejercicios. Se levantó temprano, cuando la mañana aun estaba fresca, y decidió ir a correr al malecón de la Costa Verde. Karina manejaba camino a Barranco, donde sabía que podía contar con estacionamiento para su vehículo. Cuando llegó notó que ya había varios autos estacionados en esa zona. Ella bajó y se preparó para comenzar a correr. Hoy día su ruta sería hacia Chorrillos, ida y vuelta. Le pareció perfecto, para comenzar a correr, utilizar un tramo no muy grande. A Karina le gustó correr por el malecón de la Costa Verde porque es amplio y cómodo, casi no siente los ruidos de los carros ya que el malecón está un poco más bajo de la pista y además la ciclo vía y la vegetación te aleja del caos vehicular. Luego de cuarenta minutos aproximadamente Karina llega a la playa Barranco. Estaba muy cansada y acalorada ya que en el transcurso de la mañana el día había calentado y si bien eso era perfecto para estar en la playa, no fue tan bueno para el ejercicio. Felizmente en la playa de Barranco podría refrescarse y descansar. Entró a los vestuarios para bañarse y cambiarse la ropa a algo más adecuada para un día de playa. Llamó a sus amigas y todas se reunieron en la plaza cerca al estacionamiento media hora más tarde. Se dirigieron hacia la zona de playa, mientras que subían por las diferentes plataformas y conversaban sobre una pelea que una de las chicas tuvo con su novio. Finalmente encontraron una plataforma que contaba con mobiliario para tomar sol y descansar, por lo que todas se dirigieron hacia allá. Mientras que las horas pasaban y las chicas seguían conversando el calor se volvió insoportable por lo que decidieron bañarse. Karina y dos amigas más prefirieron meterse al mar. Ellas sabían que a pesar de estar lejos de la orilla, el banco de arena les permitía bañarse y tener el agua hasta la cintura. Ellas no tenían ganas de nadar por lo que estaban muy a gusto en esa zona. Jimena y Carla, amigas de Karina, decidieron hacer un poco más de ejercicio. Así que se fueron hacia la piscina de nado donde se encontraban los demás deportistas. Sin embargo, como a Melisa y Sofía no les gusta mucho el mar, prefirieron irse a la piscina común, por lo que todas quedaron dispersas en la playa urbana de Barranco. Ya era hora de almuerzo y las chicas tenían un poco de hambre. Decidieron ir a comer una ensalada en la cafetería mientras que disfrutaban la vista al mar y al acantilado. Durante este almuerzo las chicas pensaban que podían hacer más tarde. A Melisa se le ocurrió la idea de ir a pasear en bote. Mientras que se acercaban hacia la zona de botes, observaban como la gente llegaba en bote desde otros distritos a Barranco. Y cuando estaban por subir a uno de los botes de paseos, Karina se encuentra con Miguel y sus amigos. Aprovecharon y quedaron en encontrarse en el “Portal” después del atardecer. El “Portal”, conocido también como “Portal de Barranco” es un edificio que exhibe la historia de Barranco, así también como todo lo que sucede en este distrito. Luego del paseo en bote las chicas llegaron justo para el atardecer. Se apresuraron para llegar al mirador al final de la prolongación de la Bajada de Baños, de donde se tiene una vista en la que puedes ver el mar y Lima. Puedes ver el atardecer y como Lima comienza a iluminarse inmediatamente después de ese momento. Ya había terminado el atardecer y Karina y sus amigas tenían que encontrarse con los chicos en el “Portal”. Ellos aún no llegaban, entonces las chicas decidieron que mientras que esperaban iban a pasear por la zona de la historia de la Bajada de Baños. A un lado de la sala, la cual era más un pasadizo muy amplio ya que esto era un recorrido, encontrabas fotos antiguas de la zona de Barranco, mientras que al otro lado del pasadizo encontrabas unas salas donde podías escuchar música, por ejemplo, de Chabuca Granda. También había una sala con pasajes de libros que mencionan como era Barranco. Finalmente había un área donde encontrabas pinturas y esculturas sobre como veían Barranco. La idea de estas zonas era ver Barranco a través de otros personajes de la historia barranquina, ves un Barranco distorsionado por las interpretaciones de estos personajes. Mientras que ellas paseaban sonó el celular de Karina. Miguel las estaba buscando en la entrada del otro recorrido. Karina y sus amigas se apresuraron para llegar rápidamente donde estaban ellos. Una vez juntos comenzaron a caminar por la zona de presentaciones de Barranco. Primero entrabas a una zona donde encontrabas todo lo referido a museos y exposiciones. No sólo te decían donde se ubica la galería o museo sino tienen toda una presentación sobre que ocurre en estos sitios. Estas zonas tienen el carácter que estas galerías y exposiciones, presentan el “humor” del lugar. Pero los chicos se desanimaron bien rápido y prefirieron ir a la siguiente zona. En esta parte te muestran todos los restaurantes y bares, que tipos de comida sirven y si es que hay algún show. Las chicas estaban muy animadas porque querían ir a comer algo antes de ir a alguna discoteca. Una vez que eligieron ir al “Tío Mario” que se ubicaba en la misma Bajada de Baños, pasaron a la siguiente zona donde encontrabas todas las discotecas o sitios a donde podías ir a bailar o escuchar música. Esta zona contaba con música y te mostraba los diferentes tipos de música que se escuchan en estos lugares. Todos decidieron que sería divertido pasar primero por “La Noche”, que estaba ahí cerca para terminar después en “Sargento Pimienta”. Para ellos no fue necesario verificar el mapa general donde encontrabas todos los locales, ya que ya habían ido otras veces a estos. Así que se enrumbaron hacia la Bajada de Baños y subieron al local del tío Mario, donde continuaría su diversión. Al finalizar su noche, Karina se había divertido bastante y se dio cuenta que estaba agotada y que mañana, tal vez, podría ir a relajarse a la playa de Barranco en vez de salir a correr hacia Chorrillos.
Gerardo tiene 43 años, es un biólogo especialista en entomología egresado de la Universidad Mayor de San Marcos. Hace un par de meses estuvo en Altomayo recolectando especimenes de mariposas para realizar un registro detallado de la zona. Durante su estadía registro 439 especies, 13 más de las conocidas hasta el momento. Con ello el aporte que deja a la humanidad es único, muchos otros países y científicos anhelarían realizar nuevos hallazgos de manera tan cotidiana, pero esto en el Perú es casi una rutina debido a la biodiversidad tan grande que posee. Es sábado 26 de agosto, y estos 13 nuevos especimenes serán presentados a la comunidad científica y humanidad en un evento a realizarse en la Academia de la Biodiversidad Peruana, muchos científicos de la región y prensa especializada han sido invitados. Por otra parte turistas interesados y gente que esta de paso empieza a congregarse y unirse a la presentación que se realizara en el auditorio. Gerardo vive en Surquillo, no tiene automóvil, y se dio cuenta que en solo un par de horas empezará la presentación, se quedo dormido preparando los últimos detalles la noche anterior. Por suerte vive cerca de la estación del metropolitano y solo le tomará 20 minutos llegar a la estación de Armendáriz. Una vez ahí, tomara el tranvía para descender al complejo de la Academia ubicado en la ladera del acantilado. Gerardo llega al departamento de investigación, saluda a los empleados e ingresa a su oficina, desde ahí puede observar la espesa neblina de la costa verde entre las diversas especies de árboles del jardín botánico y la gente llegar por la quebrada en el tranvía para ir al museo. Cecilia tiene 10 años y le gustan los animales y la ciencia, siempre esta interesada en el tema. Le ha pedido a su mamá ir por quinta vez en el año a la Academia, ya que se ha enterado de que han llegado fósiles de Argentina de unos dinosaurios y serán expuestos durante este mes. La mamá de Cecilia es convencida y la lleva en su carro, ellas viven por Jesús María así que le tomará 35 minutos llegar por el Paseo de la República. Dejan el carro en el edificio de estacionamientos de el Cortijo y deciden descender la quebraba caminando por la arboleda. A pesar del frío, el canto de las aves y sensación de estar fuera de la ciudad lo hacen meritorio. Llegan a la Academia e ingresan por el túnel, los estratos de rocas se pueden observar a ambos lados, y los paneles de las futuras exhibiciones emocionan a Cecilia. La luz de la sala guía a la gente a través del túnel y al final se pueden ver los fósiles de un gran Titanosaurio, de más de 10 metros de altura, la luz cenital y las rampas alrededor crean un espacio anacrónico, pareciera que los fósiles hubiera estado ahí millones de años. Cecilia se emociona y toma muchas fotos, muchos niños sorprendidos como ella lo hacen, todos quieren ser paleontólogos. La mamá de Cecilia ve el anuncio de la presentación de nuevos especimenes de mariposas y se interesa, así que termina convenciendo a Cecilia para ir a verla. Chuck es un turista de San Francisco, y esta en Perú por un par de semanas, estuvo con unos amigos peruanos en Larcomar y deciden bajar a la playa para conversar y conocer la nueva costa verde, caminan hacia Barranco, y encuentran un edificio sobre el espigón de la Academia, a contraluz se puede observar el esqueleto de un cachalote y gente congregada en el. El mar ingresa por debajo el malecón y una salida de agua del acantilado genera la sensación de estar en un valle costeño luego de haber caminado 10 minutos por el paisaje desierto de la costa verde. Chuck se interesa por la exposición y feliz paga su ticket para acceder a todos los edificios del complejo. Empieza por el edificio del espigón, y se sorprende de ver información que no sabía, como de que el Perú posee la mayor diversidad de fauna marina del mundo. Luego de una hora decide ingresar al acantilado, le llama mucho la atención saber que hay adentro. Asciende por un sistema de rampas y tiene dos opciones para empezar el recorrido, una sobre el barranco y la otra ingresando al barranco. Chuck decide ingresar y empezar su recorrido en el museo, en un espacio que recuerda muy bien la geografía de los Andes peruanos, las circulaciones verticales lo hacen subir a la superficie y volver a bajar, cambiando de sistemas, morfología y hasta climas hasta llega a la selva baja en la quebrada, nunca había estado en un edificio, que experimente la cosas a través de una experiencia directa. Sale feliz del museo hacia la zona interactiva, pero oye por los altavoces del hall que la presentación de los nuevos especimenes de mariposas se realizará en 10 minutos. Chuck se interesa y decide ir con sus amigos. La sala del auditorio esta llena, casi 500 personas congregadas, más de lo que se esperaba. Gerardo da inicio a la presentación, en una sala interactiva, las luces se apagan en el domo y parecieran verse volar 13 mariposas muy grandes en la sala en un fondo negro, los proyectores en tres dimensiones generan un efecto único, es una exposición fuera de lo común, nada aburrida, más bien divertida y emocionante. Durante una hora Gerardo explicó y describió el hallazgo de cada mariposa. Cecilia, su mamá, Chuck y sus amigos sentados en la misma fila aplauden muy emocionados, sienten que han aprendido, han reflexionado y quieren el lugar donde están y la suerte de tener tanto potencial aún por explorar. La prensa especializada comenta muy bien el evento y la difusión es inevitable entre los científicos y gente del medio. Perú ha generado un aporte invaluable a la humanidad en un fin de semana, Gerardo ha renovado sus ganas de seguir realizando su trabajo, Cecilia ha aprendido y quiere aún más la naturaleza, su mamá valora más nuestra biodiversidad y el interés de Cecilia por el tema y Chuck esta feliz de ver algo así en el Perú y no dudara en recomendarlo a sus amigos en Estados Unidos.

CASA JOVEN, CASA PARA TODOS

...Ahhh!!!¡10:30! ¡Me quedé dormida! Felizmente tengo clases recién en la tarde y solo me falta completar el trabajo e imprimirlo. Sabía que no debí quedarme hasta tan tarde. Pero que importa, la conversa estuvo divertida! Ya era hora que abran un lugar para jóvenes aquí en Lima. Lo mejor es que queda a pocas cuadras de mi casa, por el parque donde solía ir a jugar de chibola. Si pues ese lugar era bien paja, cuando estaba en el cole también iba, porque ahí uno se podía alejar de la ciudad, estar solo y pensar un rato. Habría sido fatal que una inmobiliaria lo compre, felizmente iniciaron ese proyecto de casa joven. Y así es como terminé ayer chupando tranquila con mis patas en el barcito del local. Es que tiene una vista alucinante! Y tiene una zona al aire libre para las noches en las que hace un calor maleado! No te das cuenta que pasa el tiempo por que hay todo un ambiente relax que te hace olvidar del estrés de los estudios. Y en invierno la neblina le da un aire místico. Nunca es igual. Siempre hay un paisaje diferente, eso es lo bacán.

¡Demonios! ¡La computadora se colgó! Ya se, voy a ir a la sala multimedia de la casa joven, ahí puedo encontrar la info que me falta y encima ahí imprimen barato. Si y de ahí puedo agarrar carro en el la Av. Del Ejército…

…Paola se ve apurada - ¡Hola Susana! ¿Tienes máquinas libres? Tengo que terminar una chamba al vuelo.- ¡Si pasa! Elige cualquiera.- Con razón, de lo contrario nos quedaríamos charlando horas. Eso es lo bueno de trabajar en este lugar. Cada día conozco a más chicos. Todos son diferentes y vienen con rollos diferentes. Se siente bien poder asesorarlos en lo que necesiten. A veces no son tan abiertos para pedir ayuda, pero ahí entro yo, como estoy acá siempre, de alguna manera me tienen confianza y así los puedo ayudar. Además que suerte poder trabajar en un lugar amplio, cerca al mar, con una oficina con vistas al parque y cerca al ingreso para poder recibir a todos los chicos. – ¡Habla Susana! ¿Que tal? ¿Hay gente en la sala? - Si, Pedro, están tus patas ahí, creo que están viendo el partido. - Noooo ya comenzó?? ¡Hablaos!-

… Esa gente. Todos prendidazos de la TV. Es que es la final pues por eso me vine corriendo del cole, solo que estos vagazos terminan más temprano! ¡No vale pe yo me tengo que venir desde la Av. Benavides! Pucha que chévere este lugar. En mi jato ni fregando entrábamos todos. Acá entran como 50 puntas sobradazo y mientras nosotros vemos el partido las flacas juegan fulbito y otras leen revistas. Genial para “hang out”. Comodazo con harto sitio donde sentarte, echarte recostarte y un techo alto con una mampara donde se ve en el mar a todos los “churfers”. Verdad esta bien paja, fácil le digo a Sonia a la salida y lo separo para hacer mi fiesta a fin de mes. Total acá no fastidio a ningún vecino. - ¡Goooooooooooool! -

- Chicos!!! Voy a ensayar unas nuevas coreografías, ¿alguien se apunta? - Desde chica me ha gustado bailar, pero nunca pude seguir clases, en el cole un tiempo, pero con la universidad y la chamba se me hace súper difícil. Felizmente me entere de este sitio. Hay salones que puedo separar para bailar cuando yo pueda! Y lo mejor es que acá conocí gente que también le vacila el baile, y podemos ensayar juntos. Es un amplio salón y quien pase por ahí puede vernos ensayar o unirse. El salón tiene espejos para poder verse y mamparas que iluminan desde el acantilado.-¡Lore, al costado están ensayando unos chicos que tocan bravazo, fácil abrimos el panel y pueden tocar para que nosotros bailemos!- ¡Buena idea Guille!- Eso es lo genial de tener espacios flexibles.

…Que chévere tocan, fácil algún día me apunto, pero hoy estoy con ganas de pasear con un puchito en mano… el proyecto no sale y en dos semanas es la entrega. Lo bueno es que tenemos un lugar donde reunirnos los 5, con mesas de trabajo y materiales, pero ahora necesito un break, los deje en la sala de reuniones para que discutan entre ellos. Cuando hay bloqueos como esos prefiero salir a caminar. El camino que rodea las diferentes salas es perfecto para relajarse. Puedes ver diferentes situaciones, paneles con exposiciones de lo que esta haciendo la gente, hay unas vistas espectaculares del acantilado y te conecta con el parque que envuelve al edificio. Además hay lugares para sentarse y aislarse de la gente cuando quieras estar solo. Eso es lo genial. Cuando quieres estar con gente vas por el camino, entras al estar o te paseas por los salones, y cuando quieres estar solo tienes pequeños lugares para estar o áreas del parque que te aíslan con lomas y depresiones de lo que suceda detrás. Eres tú y el paisaje. Puedes ver a los skaters hacer sus piruetas sin que ellos te vean o sientan tu presencia o también ver el mar y a los surfers. Bueno es hora de regresar a chambear, de hecho me siento más inspirado.

- Jorge, hay una presentación de teatro por el auditorio, parece que va a ser chévere porque hay harta gente, ¡y lo van a hacer hacia fuera! ¡Vamos a reservar una loma o una terraza!- Jajaja ¡Ya pues y de ahí subimos a reiliar y hacer street con el skate! – Por fin un lugar para nosotros. El skate park que hicieron hace unos años es una babosada porque siempre para lleno y solo es para hacer trucos o entrar en la poza. No había un lugar simplemente para patinar. Aquí, con pistas rampas, bancas, pendientes y demás variantes, más que limitarnos a 100m2, nos dejan la libertad de innovar.

… Así descubrí la casa joven. Me encontré un día con un pata en el Ovalo Gutiérrez y me dijo para ir a tomar un par de chelas, pero yo no tenia ganas de ir a la calle de las pizzas ni a barranco, estaba matado de la chamba y al día siguiente en la mañana del sábado, tenía clases; tampoco tenia plata para ir a otros restaurantes que quedaban por ahí. Pero Juan insistió, me dijo que era un lugar diferente. Así me convenció y comenzamos a caminar por toda la Av. Santa Cruz hacia el malecón. No iba por esa zona hacía tiempo, desde que me mude a Lince. Llegamos al parque Isaac Rabin y recordé que mis papás me llevaban a jugar de chiquito y cuando era adolescente ahí aprendí a hacer mis primeros trucos en skate. Vi que habían hecho una ampliación. Ahora el parque continuaba expandiéndose como una alfombra de patchwork. Esta nueva superficie tenía diferentes texturas y colores. Había desniveles en el terreno, lomas, pliegues, rampas y desigualdades que te guiaban bajando por el acantilado hacia el gran terraplén, balcón que te acercaba al mar.

Mientras bajaba iba descubriendo un edificio que se amoldaba a la trama del éste parque, parque y edificio hacían simbiosis. A través del recorrido se iban revelando las distintas salas iluminadas; donde había más gente era en el famoso bar del que hablaba mi pata. No era muy grande, de hecho no era una discoteca, pero era acogedor y hasta me encontré con unos amigos de la universidad que vivían por ahí.

El lugar definitivamente ha cambiado, ahora no da miedo bajar hasta la playa, las terrazas donde antes se dejaban mensajes con piedras ahora son murales donde quien quiera se puede expresar y en su lugar hay este edificio-parque que brinda un espacio para los jóvenes. La bajada que existía ahora esta mejor iluminada y es más segura. Gracias al barcito y el estar de la casa joven ya hay menos “chibolos pastrulos” y si quiero tomar ya no tengo que esconderme con la botella de 3litros de roncola en los lugares oscuros de la bajada, ahora me voy al bar; y esos antiguos lugares oscuros ahora están iluminados y son lugares para estar y conversar. En definitiva el lugar ha cambiado. Ahora se puede disfrutar de día y de noche y puedo estar y disfrutar de mi tiempo libre en un lugar sin tener nada que hacer.

Un día de verano…

La familia Aguado vive en Barranco. Hoy es un lunes del mes de febrero, como todos los días de semana, papá Aguado se va a trabajar muy temprano, él trabaja en San Miguel y como siempre, usa la Costa Verde como vía de rápida, la cual recién han vuelto a abrir después de algunas obras que se estuvieron realizando. Sale junto a su esposa a las 8 de la mañana, llevando a sus dos hijos menores de 10 y 5 años a una nueva academia de natación que le han recomendado y le queda en camino.

Ya en camino, pasando el puente de la playa La pampilla, llegando al límite de Miraflores con San Isidro, se comienza a divisar un gran paisaje acuático, aterrazadas superficies de agua, puestas de una manera tan natural que pareciera que el mar y la naturaleza subieran y se infiltraran en la ciudad.

Papá Aguado se da con la sorpresa que el gran tráfico con el que se encontraba todas las mañanas en esa zona había desaparecido. Todo se debe a que han creado una nueva vía la cual va por abajo del acantilado, bordeándolo y conduciéndote a la entrada al estacionamiento del gran complejo acuático, donde queda la academia de los niños. Mamá convence a papá a quedarse una rato para ejercitarse, ya que al no haber tráfico aún tiene tiempo antes de irse a trabajar.

Papá Aguado decide quedarse y dirigirse a una de las piscinas públicas, en la parte media del acantilado, desde donde tiene vista de sus hijos en la academia y una vista espectacular de la bahía entera. Mientras tanto mamá Aguado se dirige al aquafitness para mantenerse en forma, desde donde también puede ver a los niños, a su esposo y desde donde también puede ver a su hijo de 16 años, el cual es deportista calificado, saliendo de su entrenamiento matutino de todos los días y dirigiéndose al gimnasio a completar dicho entrenamiento. Papá continúa su viaje al trabajo, mientras sale del estacionamiento aún puede ver a su familia en lo suyo, sumergida en el gran complejo.

Dan las 11 de la mañana los niños terminan su clase y sin necesidad de salir del agua se pueden dirigir a las piscinas lúdicas del parque acuático, donde pueden disfrutar y recrearse con el agua de todas la maneras inimaginables. Mamá se dirige al centro de belleza donde le realizan unos masajes y donde siente una gran paz que le da la iluminación y la vista al interior de las piscinas, generando unos suaves reflejos relajantes.

Llegó la hora del almuerzo y papá Aguado les da el encuentro, esta vez aproximándose por el lado de Magdalena – San Isidro, ahora observando el perfil del complejo el cual va posándose tan sutilmente sobre la topografía de forma tan natural, que pareciera como si te zambulleras y te infiltraras en el mar al igual que sientes que el mar se infiltra en la ciudad. La hija mayor de 21 años también les da el encuentro y la familia entera se reúne a almorzar en un restaurante del complejo, desde donde es tal el paraíso acuático que pareciera que estuvieras en una cápsula dentro del mar. Después del almuerzo cada uno vuelve a sus actividades, la mamá y los niños van a pasear a la orilla escalonada, desde donde se pueden percatar que mediante pasan las horas, por un lado de la orilla la marea va subiendo de nivel y por el otro lado el nivel de las piscinas lúdicas va bajando, generando nuevos espacios y nuevas situaciones.

Dan las 5 de la tarde, papá Aguado regresa del trabajo y mientras los niños se divierten con los chorros de agua que comienzan a salir de los nuevos espacios que quedan de las piscinas lúdicas, papá y mamá se dirigen a las piscinas termales a observar el sunset y a relajarse después de un largo día, mediante un circuito de mini piscinas que van ofreciendo diferentes intensidades de calor y diferentes visuales. Después de relajarse, recogen a los dos niños y regresan a su casa.

Ya son las 7 de la noche y el hijo mayor se reúne con sus amigos en las rampas y anfiteatros formados por las piscinas lúdicas que ya bajaron completamente su nivel de agua. Donde van jóvenes a montar skate o bicicleta bmx. Mientras otros hacen carreras de nado en la piscina en el mar, saliendo a unos vestidores en medio del mar casi imperceptibles.

Llegan las 9 de la noche la iluminación y los reflejos de las piscinas superiores se dirigen hacia la parte inferior del complejo donde se realizan las últimas actividades del día, eventos o conciertos en los anfiteatros. La hija mayor llega con sus amigas y se dirige al muelle que esta semi-hundido donde se encuentra un bar desde donde te sientes flotando en medio del océano, donde las olas van golpeando levemente las rocas y sientes la brisa marina, y desde donde se puede apreciar de las estrellas y el infinito del horizonte.

Un día de invierno…

Llegó el invierno. Hoy es un viernes de junio, la humedad y la neblina están más intensas que nunca. El hijo mayor como siempre sale muy temprano, antes de ir a estudiar, a su entrenamiento matutino. Horas después sale el papá y mamá Aguado con los niños y con dirección a la escuela.

Luego de dejar a los niños, como todos los días papá Aguado se trasporta por la Costa Verde y va con dirección al complejo donde al aproximarse se vislumbra los reflejos del agua entre la espesa neblina, un paraíso acuático difuso y contenido en una atmósfera traslúcida de neblina, en donde deja a la mamá que como siempre se dirige al aquafitness, donde ahora es una piscina temperada y techada, pero sin obstaculizar la visión a todo el complejo, donde después de ejercitarse un rato pasa a relajarse en las piscinas termales, las cuales se encuentran continuas a esta, a las cuales te trasladas sin necesidad de salir del agua, tan solo siguiendo los diferentes ambientes acuáticos, que se encuentras estratificados dependiendo de la intensidad de calor que emita el agua, lo cual te permite adecuarte a esta.

Son las 2 de la tarde y papá llega junto con los dos pequeños para almorzar en familia. Esta vez van al restaurante superior al borde del acantilado, al estar sentados se percatan que pareciera que estuvieran flotando en medio de las nubes. No logran divisar claramente el terreno del acantilado, solo logran ver algunos reflejos de agua.

Llegan las 5 de la tarde los niños empiezan su clase de natación, ahora como ya tienen un poco más de experiencia, van a pasar del circuito de niños al de adultos, mamá Aguado quiere estar cerca de ellos así que va a la cafetería donde tiene total control visual de los niños.

Son las 7 de la noche papá Aguado llega al complejo, desde su trabajo, pero ahora ya no observa tan claramente el perfil, sino observa un perfil difuminado, un juego de luces y reflejos en la neblina desde la cima del acantilado hasta el mar. Papá va a unas a las piscinas públicas temperadas a realizar un poco de ejercicio. Mientras tanto puede ver siluetas de personas en el show que se realiza en los anfiteatros que hay en la parte baja. Entre esas siluetas se encuentran mamá Aguado y los niños.

Son las 9 de la noche, después de haber dejado a los niños en la casa de su abuela en San Isidro, papá y mamá Aguado se dirigen hacia el complejo acuático con dirección al restaurante nocturno. Pero esta vez la aproximación ya no es desde abajo de la Costa Verde si no desde arriba, desde la boca del embudo de agua, donde pueden ver como este gran embudo de agua es una concentración y a la vez dispersión de agua, luz, reflejos, naturaleza, etc. Esta vez dejan el carro en el estacionamiento superior junto a las instalaciones de la piscina olímpica y se dirigen al restaurante caminando. El camino a pie al restaurante nocturno que se encuentra en el lado medio bajo del acantilado, es toda una experiencia, la cual la hace más interesante y mística la presencia de la neblina. El camino se encuentra en un nivel más bajo que la superficie de las piscinas, donde vas disfrutando de una serie de superficies laterales dependiendo del tipo de piscina que sea. (Diferentes colores, diferentes materiales, diferentes texturas, diferentes olores, diferentes sensaciones). Las sensaciones que priman son las que se perciben en un radio cercano, pero a pesar de que la neblina no les permite visualizar un horizonte, esta los envuelve en una atmósfera húmeda y acuática, complementándose con la iluminación y los reflejos de agua. Dentro de este camino se van abriendo ciertas visuales que les permiten ver al interior de las propias piscinas dependiendo de la actividad en estas y también les permites ver las relaciones o contrastes del complejo acuático con la naturaleza, como el vapor de las piscinas termales se va mezclando con la humedad y la neblina fría generando mayor difusión de la atmósfera o como te van generando diferentes horizontes artificiales por medio de piscinas “infinitas”. Después de este sensorial recorrido llegan al restaurante nocturno, el cual se encuentra como una isla en pleno paraíso acuático, donde se encuentran con sus amigos.

Mientras tanto sus dos hijos mayores se encuentran en las piscinas termales y anfiteatros de la parte inferior, cerca al mar, donde pasan música y se realizan proyecciones al cielo y a las piscinas envolviéndolos en una atmósfera totalmente distinta estando solo a unos cuantos metros de sus padres. Así es como se percatan que este es el lugar perfecto, que dependiendo de la ocasión este lugar puede crearles una atmósfera diferente, donde se dan una serie de dualidades que te permiten adecuarte perfectamente al lugar, donde pueden caminar o pueden navegar, donde pueden recrearse o pueden competir, donde pueden disfrutar del agua dulce como del agua salada, donde pueden estar cubiertos o descubiertos, donde pueden estar arriba o estar abajo, adentro o afuera, donde pueden estar compactos o dispersos y donde pueden estar tan conectados o tan desconectados, con el resto de personas, con el resto del complejo y con el resto de la ciudad.

Agua Dulce, un día de verano… Kiko es un joven padre de cuatro hijos, quién vive en Chorrillos con su familia. Esperando ansiosos la llegada de un día soleado y caluroso en el mes de Enero, ven que el sol sale por el este, luego de una nublada mañana. Deciden entonces pasar un día en la playa más popular de Lima: Agua Dulce. Se alistaron para salir y comenzaron a caminar por la Av. Huaylas hasta llegar al gran malecón de Chorrillos. Desde allí se ve la amplia playa de arena, llena de múltiples colores conformados por los visitantes playeros, las sombrillas, los toldos y las toallas colocadas en la arena. Kike observa a todos los bañistas, ansiosos por llegar a la playa, bajando por las rampas o <> modernizadas, incrustadas en el verde acantilado; atravesando los amplios espacio públicos con pisos de madera que reciben a la gente que baja de la ciudad. Observa la cantidad de vehículos que hacen fila para dejar a los bañistas, quienes quieren llegar a la playa para darse un refrescante chapuzón en el mar. Las piscinas de agua dulce se ven congestionadas de muchos bañistas que quieren disfrutar del agua pura que ofrecen los acantilados luego de un baño salado en el mar. Kiko, su esposa y sus hijos comienzan a descender por las <> en el acantilado que, mimetizadas con el acantilado, los lleven a cruzar encima de la autopista congestionada de autos, hasta llegar a la gran plataforma o espacio público que recibe a la gente. Los bañistas, muy acalorados, caminan por el amplio malecón con palmeras, a las heladerías, las tiendas de refrescos y a los alquileres de sombrillas para protegerse de los rayos del sol, queriendo contemplar el mar y las embarcaciones que salen de la nueva marina, desde un lugar fresco y cómodo. Luego, la familia decide ir a los vestuarios para ponerse los trajes de baño y llegar finalmente a la playa. El hijo de Kiko encuentra en el camino unos juegos para niños en la arena, mientras que su hija le pide alquilar una bicicleta para pasear por el malecón que la llevará a las canchas de volley-playa que se encuentran en otra zona de la playa. Luego de alquilar la bicicleta, Kiko camina por al malecón hacia la zona de la izquierda de la playa donde hay más espacio para instalarse. Se va con sus tres hijos más pequeños y pasa por una tienda de sándwiches donde compra algunas provisiones para llevar a la playa. Son como la 1pm y Samuel disfruta con su familia de un caluroso día de playa hasta las 4pm, cuando decide ir a almorzar a una cevichería nueva que les ofrece platos típicos de pescado fresco de la zona (por la cercanía al puerto). Como a las 5pm, el sol ya ha bajado y deciden volver a los vestuarios para abrigarse y para luego dar un paseo por el malecón. Kiko olvidó que su hija tenía una comida donde una amiga por lo que deciden ir a las tiendas para comprar algún traje adecuado para la comida. Finalizando el día, la familia emprende una caminata de retorno a su casa, pasando primero por el espacio público-mirador de la playa en donde observan un colorido atardecer. Agua Dulce, un día de invierno… Un sábado por la tarde, bajo un cielo gris de invierno, Kiko decide ir en búsqueda de un poco de aire fresco frente al mar con ganas de hacer un poco de deporte son sus amigos. Kiko emprende su caminata hacia la playa. Pasa por la Municipalidad de Chorrillos y sigue recorriendo la Av. Huaylas hasta llegar al malecón, camina hacia la <> de la zona sur ya que quedó en encontrarse con sus amigos en un café que se encuentra en esa zona de la playa. Mientras Kiko bajaba por las rampas de madera techadas con una celosía de madera, veía en la plataforma, cerca de la playa, una acumulación de personas formando un círculo. Kiko, curioso, se acercó a la gente preguntando que pasaba y resultó que había un grupo de música que estaba dando un pequeño concierto. Junto con la banda, se presentaron un grupo de malabaristas y magos que entretenían a la gente mientras paseaban entre las altas palmeras, las bancas y las pergolas de la plataforma. Kiko siguió su camino y descendió hacia el malecón por una tienda de deportes que encontró mientras paseaba. Dando vueltas por la gran tienda, que tenía una amplia vista hacia la zona deportiva de la playa, se encontró con Raúl, uno de los amigos con quién había planeado juntarse. Luego, salieron juntos de la tienda, mientras que Raúl le contaba a Kiko que justo acababa de dejar a su hijo mayor, Oscar de 14 años, con unos amigos en los circuitos de bicicleta. Kiko no conocía esa zona del complejo por lo que decidió desviar su ruta y conocer esa zona ya que su hijo le había hablado se este lugar. Luego, Kiko y Raúl se dieron cuenta de que estaban tarde para encontrarse con sus amigos. Comenzaron a caminar por el malecón rápidamente. Ya no irían al café ya que la hora de encontrarse había pasado. La tarde se hacía más gris y el clima comenzaba a enfriarse, se comenzaron a prender los postes de luz que iluminan el malecón. Mientras caminaban, observaban como las personas montaban bicicleta, patinaban y paseaban por el amplio malecón. Otros sentados en los restaurantes o tomando café; mientras que la mayoría de niños jugaban en los toboganes y pasamanos ubicados en la playa. También corrían y se resbalaban por las piscinas de agua dulce, que en invierno tienen un diferente uso. Estas pozas naturales, que durante el caluroso verano sirven para refrescar a los bañistas; durante el invierno se vacían hasta un tercio de su nivel y se vuelven pequeñas lagunitas con rampas alrededor por dónde los niños pueden jugar y correr. Kike y Raúl llegaron a la zona deportiva en dónde se encuentran las canchas de fútbol-playa, volley-playa, tenis-playa, frontón y las barras de gimnasia. Localizaron a Andrés y organizaron un partido de frontón entre los tres. Jugaron hasta las siete de la noche sin parar. Luego decidieron ir por algo de comer a un restaurante con una terraza que daba al malecón y a las piscinas; para luego recoger a Oscar, el hijo de Raúl, de los salones de pin-ball con sus otros amigos. Cansados luego de un largo día, se retiraron subiendo a la plataforma y luego por las rampas iluminadas de noche con una clara luz blanca. Desde las rampas, observaron la amplia vista de toda la playa. La plataforma y el malecón se veían llenos de personas caminando y disfrutando de la vista, de las actividades espontáneas culturales nocturnas que surgen en el espacio público, los restaurantes, cafés y bares de la zona.
Santiago es un joven de 24 años, como todos los lunes, sale de su casa en Lince a las 7am ya que debe llegar a su ensayo de las 8:00, va por la Av. Paseo de la República y llega al malecón Armendáriz, saluda a Felipe, amigo que acaba de llegar con su bicicleta y su grupo de amigos ciclistas que viven en Barranco. A Santiago le apasiona el deporte, pero no es bueno haciéndolo, sin embargo disfruta viéndolo mientras baja por el acantilado y se dirige a su ensayo tomando el camino donde puede admirar el ciclismo y dar sensaciones especiales a su paseo. Las zonas de paseo al aire libre hacen que Santiago llegue lleno de buen ánimo. Un espacio de recibo techado pero abierto al aire libre le da la bienvenida, la vista es increíble ya que Lima no posee un espacio natural por excelencia donde se tenga un mar de fondo que supere al paisaje de la Costa Verde. Santiago entra a recepción, pide el número de su sala de ensayo que separó previamente y practica durante media hora mientras afina su flauta traversa, a las 8am sale de la sala pequeña y va al salón de ensayos, esta posee una vista que complementa a la música y empieza el ensayo junto con los demás miembros de la orquesta. Su profesor de música Adrián, de 45 años, da lecciones durante la donde el y sus colegas practican. Adrián ensaya durante la tarde con su orquesta, al salir de su clase va a la cafetería almuerza para después de eso ir a la Sala de conciertos ya que en 3 días será uno de los integrantes que tocará en el concierto de música barroca. Al terminar el ensayo de Adrián se retiran los instrumentos y se modifica el sentido de la sala, ya que por la noche Jorge Drexler tocará para un público no mayor de 2500 personas en la sala. La recién inaugurada sala de conciertos tiene una acústica que se acopla a diferentes tipos de música, similar a la Sala de Conciertos de Lucerne en Suiza. Por la tarde Felipe regresa a Armendáriz junto con Santiago, los dos son admiradores de Drexler e irán al concierto. Felipe tuvo la posibilidad de comprar su entrada, en cambio Santiago no tuvo el dinero necesario para costearlo, sin embargo lo que por la mañana funciona como un parque paseo en el cual se realizan diferentes situaciones como exposiciones, ferias, y diversos eventos al aire libre en diversos niveles los cuales tienen enchufes disponibles para alquilar (cerrados en cajas metálicas con llaves) , se convierte en una explanada que da abasto a unas 3000 personas con una vista hacia el lado posterior del escenario. A la mitad del concierto se abre una pared deslizante que hace que el concierto se pueda ver desde la explanada parque , ahí se encuentra Santiago que logra escuchar mediante los diferentes parlantes en las distintas terrazas (que se alquilaban por la mañana y tarde) para beneficiar ahora de manera pública a muchas personas. El área libre ahora pasa a ser el complemento de la Sala de Conciertos. Los días que no se usa la Sala de Conciertos, esta se utiliza para prácticas, mientras que el parque paseo funciona tanto en verano como en invierno de manera constante, solo las actividades que se realizan son de acuerdo a la época o a la ocasión, ya sea un 31 de octubre día de la canción criolla o un día común donde una feria de artesanias puede ser factible en cualquier estación. En invierno la niebla de Lima pasa de ser un fastidio a un paisaje de fondo que se enmarca desde la Sala de Conciertos, este fondo variable le da una particularidad a esta. Hace unos años tanto Adrián como Santiago tenían que ir al Centro de Lima donde se encontraba la sede del Conservatorio Nacional de música, el cual no contaba con salones especiales para practicar ni con una Sala de Conciertos para 2500 personas. En el 2008 se planteo la construcción de una nueva sede, hoy en día se tiene esta nueva sede que posee esta vista única, donde se dan salones de prácticas para ensayos de elencos como la Orquesta Sinfónica, la Banda Sinfónica, los diferentes Coros Polifónicos, Grupos de Cámara entre otros. Los conciertos para este tipo de música ya no se dan en los diferentes auditorios no especializados que abundan en Lima. Dentro de esta sede se tiene también espacios de complementos como una mediateca, cafetería, salones de practica en grupo, salones de practica personal, mientras que la sala de Conciertos da aforo a conciertos tipo nacional como Eva Ayllón, Jean Pierre Magnet o Juan Diego Flores, como también de tipo internacional como Silvio Rodriguez o Jorge Drexler.
El joven Pedro vive en el Rímac, solía visitar la playa solo algunas veces al año, pues no había una playa cerca o por lo menos algo que se le parezca. Hacía unos meses habían inaugurado el nuevo balneario de Magdalena, un conjunto de piscinas y un embarcadero turístico que rápidamente se volvió muy popular. Estaba ubicado al final de la avenida Brasil, el antiguo paraíso de los suicidas. Se trataba de un edificio que se desprendía del acantilado prolongándose al mar. Había cambiado los descampados terrales del sitio por áreas verdes, convirtiéndolo en uno de los más visitados de la costa verde.
Era sábado y todavía el verano asomaba su calor, decidió visitar el nuevo balneario. No era la primera vez que iba, ya lo había visitado con sus sobrinos la semana pasada, pero solo habían disfrutado de las piscinas saladas en la playa baja. Hoy su intención era otra: quería visitar el equipamiento del edificio, no quedarse solo en el área abierta, experimentar las tan mentadas saunas, el gimnasio y la famosa piscina con oleaje.
Tomo un colectivo, lo llevó por toda la Brasil y a medida que se iba a acercando al final se tenía la sensación de que la avenida se metía al mar. Un paradero de buses con un marco, como resaltando la entrada al conjunto, daba pie al ingreso del edificio. Un gran parque se extendía en la margen superior de la costa, no era solo un malecón era un gran espacio con vegetación y sombra desde el cual se podía disfrutar del mar. La vista era preciosa se podían ver las islas y la brisa marina soplaba con cierta fuerza pero era agradable, como un oasis en el desierto. Pedro no se sintió intimidado por la cantidad gente, había algo en el lugar, eran quizás los micro espacio creados con la topografía o que en el parque no se terminaba de apreciar el carácter metropolitano del lugar, parecía más barrial.
Solo en el paradero y la entrada al conjunto Pedro sintió a la muchedumbre. Es un balneario – pensó - tenía que estar lleno es lógico - es el único en medio de la ciudad. La avenida se proyectaba hacia el mar remarcando la mejor de las vistas y la entrada al complejo. La bajada al mar era por el edificio, en medio de vegetación y una serie de rampas y escaleras que conectaban los halles hacia las piscinas, gimnasios y distribuían las cafeterías y los bares. Estos últimos pasaban de un ambiente urbano a un ambiente más de playa a medida que se acercaban a la plataforma inferior donde estaban las piscinas de agua salada o debiera decir de agua de mar pues el mismo mar era canalizado para que funcionaran. Había visitado ya esa parte la semana pasada con sus sobrinos. Era como una playa, aunque no había contacto directo con el mar, pues este era inapropiado; no era realmente un problema aquello: las piscinas y fuentes de agua salada siempre están disponibles y no hay peligro de que esté el mar bravo. Era quizá el balneario ideal, funcionaba siempre. No era como ir a una piscina era estar en el mar, pero sin los peligros del mar de Magdalena.
Pero Pedro busca algo diferente. Al bajar pudo ver a una hermosa mujer bajaba con un equipaje ¿Es qué se iba hacia el gimnasio o la piscina? ¿Pero a cuál de ellas? Él bajó observando con cuidado donde entraba la mujer ¿Qué le pasaba a Pedro? Esa no era la razón por la que había venido. Decidió no seguir más a la mujer y entro pronto al área de la piscina con oleaje, quería saber como era.
El ambiente era tradicional en el sentido de que era como una playa, salvando el hecho que estaba como a 20 metros sobre el mar. La vista enmarcaba el mar abierto y parecían juntarse las aguas (de la piscina y el mar) con el cielo despejado. La arena, el sol, las olas incluso la brisa marina dotaban al lugar de un espacio de playa artificial bastante agradable ¿Sería por eso que esta piscina paraba repleta de gente? El borde del ambiente era el espacio más interesante. Se tenía la sensación de estar en medio del mar, en una isla paradisíaca, pero aún mejor pues no había las amenazas que en ella existirían.
María se llamaba la mujer que Pedro vio. Entró al gimnasio para hacer su rutina diaria. Ella era digamos que del barrio, venía todos los días a entrenar y a nadar en las noches en la piscina temperada. El gimnasio tenía también vista al mar. Se podía estar bailando o entrenado viéndolo. En la sala donde estaban las máquinas cardiovasculares la vista era hacia los acantilados, motivando y ambientando el área de entrenamiento. Era en si todo un gran espacio, la luz natural lo inundaba todo y la música sonaba con fuerza, aunque esta no estropeaba el ambiente, no era ni muy fuerte ni muy alta – era la adecuada - se colaba hasta el hall previo, pero no avanzaba más allá. El control acústico era impecable.
Como habría una competencia mañana domingo en la piscina temperada, ella acabo su rutina en el gimnasio, y se fue a hacer la de natación. Esta piscina era la que tenía las mejores vistas de la bahía. En unos de sus lados enmarcaba a la isla San Lorenzo. Aunque era techada, para mantener el ambiente controlado, se podía tener la sensación de estar en un balneario abierto, era quizá ese contacto con el mar a modo de balcón. Era la única que tenía graderías para público, así que también se le antojó un poco clásica, como los antiguos balnearios griegos.
Pedro había estado ya un buen tiempo en la piscina con oleaje, le había encantado, pero ahora tenía ganas de relajarse un poco ¿Qué mejor lugar para relajarse después de un poco de ejercicio que un sauna? Entró al de vapor. Aunque el espacio era cerrado había una conexión con el exterior, por una parte traslucida, un cuadro natural-urbano se apreciaba. María, por su parte, entró a un sauna seco, al acabar su rutina en la piscina; este era un espacio también cerrado, para mantener el calor, pero era en el hall de espera donde la vista se gozaba a plenitud.
Pedro se acercó en el bar a María y le dijo: “no te había reconocido, vienes muy a menudo…” ella contestó sorprendida de encontrar a su viejo amigo. Almorzaron en el restaurante del complejo una comida marina, se sentaron con la vista hacia la bahía, ella le mostró su nueva casa y al final decidieron pasear en uno de los botes.
El embarcadero era atípico, los botes ligeramente inclinados encañaban directamente en la margen. Para abordar los yates tenían que atravesar el edificio, por la bajada y entre los equipamientos. Era un espacio como de juego con el mar, el mar entraba a la ciudad y la ciudad se metía al mar. Pasearon toda la tarde y decidieron volverse a ver el domingo. Ella cruzó la calle, él tomo el bus. El domingo ella concursaba en la competencia, él desde el público la observaba con un ramo de flores.